Francisco evita nombrar a los rohinyá

El papa Francisco y la líder birmana Aung San Suu Kyi, con miembros de la sociedad civil y el cuerpo diplomático. :: reuters
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El papa Francisco y la líder birmana Aung San Suu Kyi, con miembros de la sociedad civil y el cuerpo diplomático. :: reuters

El Papa pide en su primer discurso ante las autoridades de Myanmar respeto para todas las comunidades «sin excluir a ninguna»

DARÍO MENOR RANGÚN.

Jorge Mario Bergoglio tuvo ayer que recurrir a un delicado equilibrio para defender los derechos de las minorías en Myanmar sin irritar a los militares, que cuentan todavía con un gran poder en este país del sureste asiático donde se vive desde 2011 un delicado proceso de consolidación democrática. Lo hizo siguiendo los consejos de la Iglesia local al no citar directamente a los rohinyá, la comunidad musulmana que lleva tres meses sufriendo ataques por parte del Ejército. Cerca de 640.000 miembros de esta estigmatizada etnia han tenido que refugiarse en el vecino Bangladesh para escapar de una campaña de persecución calificada por Naciones Unidas de «limpieza étnica de libro».

Ante la presencia de la consejera de Estado y líder política de la transición, Aung San Suu Kyi, con la que se había reunido antes durante unos 20 minutos, Francisco remarcó durante su primera alocución pública en la antigua Birmania que el futuro de este país debe estar basado en el respeto de la «dignidad y de los derechos» de sus distintas comunidades «sin excluir a nadie».

Son hasta 135 los grupos étnicos reconocidos por las autoridades, entre los que no están los rohinyá, pues se les considera inmigrantes ilegales provenientes de Bangladesh. El papa Francisco celebró esa riqueza cultural, pero dejando claro que hay que proteger los derechos de todos aquellos que «consideran esta tierra como su hogar». La «gente», lamentó en Naipyidó, la nueva capital del país, «ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas divisiones».

LA CLAVE Bergoglio se reunió con 17 líderes de diversas religiones y les invitó a «no dejarse colonizar»

Para Suu Kyi, galardonada con el premio Nobel de la Paz en 1991, tener a su lado al papa Francisco y fotografiarse con él suponía una fuerte legitimación de su gob ierno a nivel internacional. Especialmente después de las críticas que le han caído en los últimos tres meses por la limpieza étnica de los rohinyá. Ella sí que se refirió a estos hechos, aunque lo hizo pasando de puntillas al comentar que «uno de los desafíos» que afronta el Gobierno era «la situación en Rakáin», la región occidental donde viven los miembros de esta minoría musulmana. Suu Kyi no cuenta con gran margen de maniobra ante esta crisis ya que el Ejército sigue ostentando una amplia cuota de poder: controla los tres ministerios claves en la seguridad (Defensa, Interior y Fronteras) y una cuarta parte del Parlamento, por lo que no se puede cambiar la Constitución sin su consentimiento.

Javier Gil, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas ICAI-ICADE, se muestra escéptico ante la posibilidad de que la visita del Papa vaya a provocar un cambio en la situación de los rohinyá. «Es difícil que consiga que se haga algo. ¿Cómo puede la comunidad internacional permitir que en 2017 se persiga y expulse así a una comunidad? Soy pesimista, no veo a ningún actor internacional con voluntad de intervenir. Tras las malas experiencias en Irak, Afganistán o varios países africanos, nadie quiere meterse».

A su juicio, resulta equivocado eximir a la líder política de lo que le está pasando a esta minoría musulmana. «No puede disociarse de lo que está ocurriendo con los rohinyá. Ella misma otorgó una presencia mínima en su partido a los musulmanes. Veo detrás de esta decisión una política de Estado que cohesiona al nacionalismo y a la identidad budista».

El Papa precisamente tuvo unas palabras de advertencia sobre la intolerancia entre credos. Parecían destinadas a parar los pies a quienes pretenden aprovechar las aperturas democráticas para imponer el budismo como religión oficial de Estado. «Las diferencias no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación», comentó, exaltando el valor de las creencias religiosas para «cicatrizar heridas» y «tender puentes». Según el profesor Gil, en los últimos años hay un creciente «fundamentalismo budista» en la región, como se ha visto con la persecución a los cristianos en India o con la propia crisis de los rohinyá.

Francisco completó su jornada con un encuentro con 17 líderes de las diversas religiones presentes en Myanmar, a los que invitó a defender su identidad sin tener miedo a las diferencias y a «no dejarse colonizar». Hoy Bergoglio presidirá en Rangún su primera misa multitudinaria en esta gira por el sureste asiático.

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