Un fallo del artefacto evitó la masacre

Agentes de la Policía científica trabajan en la estación de Parsons Green, lugar del atentado. :: Reuters
Agentes de la Policía científica trabajan en la estación de Parsons Green, lugar del atentado. :: Reuters

Reino Unido eleva a nivel 'crítico' la alerta de seguridad tras el nuevo atentado en el metro de Londres

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

Veintinueve personas fueron hospitalizadas ayer en Londres, con al menos ocho dadas de alta a lo largo del día, como consecuencia de la explosión de una bomba de fabricación casera en un vagón de metro, cuando paraba en la estación de Parsons Green, en el sudoeste de la capital británica. La mayoría de las lesiones fueron consecuencia de la estampida de los pasajeros; un número menor sufrió quemaduras; no hay heridos graves.

La explosión se produjo a las 8:20 en la línea District, que en esa rama de su recorrido desde el sudoeste hasta el este de la ciudad parte de Wimbledon y se une en Earl's Court a la retícula del transporte suburbano por el centro de la ciudad. A esa hora los vagones van llenos con empleados que acuden a su trabajo o niños que van a la escuela. La estación de Parsons Green, en un área próspera, no está soterrada y la naturaleza de la deflagración, que lanzó una bola de fuego en el segundo vagón delantero en el que estaba el artefacto sin causar daños a la estructura del tren, hizo pensar inicialmente en que se trataba de un accidente. El aplastamiento en la huida por los vagones y por unas escaleras que descienden empinadas hasta el exterior fue su efecto más extendido.

Scotland Yard, que es la Policía de Londres y también participa en la coordinación de la persecución del terrorismo a escala nacional, anunció unas dos horas después del suceso que estaba tratándolo como un ataque terrorista, y pidió la colaboración de testigos que hubieran obtenido imágenes de lo ocurrido. La más llamativa entre las publicadas en las redes sociales era la del artefacto. En un vídeo obtenido poco después del atentado se veía un cubo plástico de pintura del tamaño que se utiliza por profesionales para blanquear, que contenía una masa semilíquida en la que aún ardía un pequeño fuego. Del cubo surgían unos cables rematados con luces navideñas, como los que han sido utilizados en detonadores de bombas en atentados terroristas anteriores. El artefacto estaba envuelto en una bolsa de supermercado para preservar productos fríos o congelados.

Diversos medios informaron que el autor del atentado ya ha sido identificado. En vagones y estaciones de metro abundan las cámaras de seguridad y los expertos señalan que, si alguien cruza Londres de este a oeste, será filmado unas doscientas veces. El software de las fuerzas de seguridad puede trazar el registro de las miles de cámaras conectadas en la capital británica para detectar el itinerario de un sospechoso con una pequeña parte del rostro o la imagen de un fragmento de ropa.

Cuarto ataque

Lo sorprendente a medida que avanzaban las horas era que el nivel de alerta de seguridad se mantuvo en 'severo', el segundo en la escala, cuando había al menos una persona huida que no parece dispuesta a suicidarse en su atentado, pues detonó la bomba con un temporizador, y que podría cometer otros crímenes, según la pauta de atentados islamistas. A primeras horas de la noche, la primera ministra, Theresa May, elevó a 'crítico', el más alto, el nivel de amenaza terrorista, lo que significa que hay riesgo de un atentado inminente.

En octubre del pasado año, un joven inglés de 20 años, Damon Smith, con trastornos mentales, dejó una mochila que contenía una bomba en un vagón de metro en la línea Jubilee, que no explotó. En este caso, expertos indicaban a la BBC que, si la deflagración hubiese sido la que buscaba el autor, el número de víctimas y la destrucción habrían sido mucho mayores. El atentado de ayer es el cuarto que sufre este año la capital británica. Dos atentados islamistas y uno de un británico enardecido contra los musulmanes se cobraron numerosas víctimas.

El fallido atentado de ayer evoca el más trágico que se ha producido en Reino Unido, cuando cuatro jóvenes musulmanes se inmolaron con artefactos explosivos aparentemente similares al de ayer en tres vagones de líneas de metro y en un autobús, hace doce años. Aquel atentado causó 52 muertos, de 18 nacionalidades, y 700 heridos. Dos semanas después, el 21 de julio de 2005, otros cuatro islamistas intentaron repetir una masacre, pero sus artefactos no explotaron. Los cuatro fueron identificados al día siguiente y la gran operación de búsqueda se saldó con la detención de tres y la huida a Italia del cuarto. En la persecución equivocada de este último, una unidad armada de Scotland Yard mató a un joven brasileño, Jean-Charles de Menezes. La actual jefa de la Policía de Londres, Cressida Dick, era responsable de la operación.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insistió ayer en ofrecer su parecer en Twitter sobre atentados que ocurren en Reino Unido. Escribió ayer que el atentado era obra de un «perdedor» que había actuado «a la vista de Scotland Yard». Y con exclamaciones pedía ser «más proactivo». Hubo quejas oficiales sobre estas nuevas manifestación de Trump y sobre su sugerencia, no explicada, de que las fuerzas de seguridad conocían la identidad de quien lo perpetró.

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