Europa se planta ante Trump: «Con amigos así, ¿quién necesita enemigos»

El presidente del Consejo, Donald Tusk, animó a los estados a mantenerse unidos. :: olivier hoslet / efe/
El presidente del Consejo, Donald Tusk, animó a los estados a mantenerse unidos. :: olivier hoslet / efe

Tusk critica la dialéctica «caprichosa» de EE UU y alerta de que la UE debe decidir «si quiere ser un actor clave en el mundo o convertirse en un títere»

ADOLFO LORENTE ENVIADO ESPECIAL

Sofía. «Nuestro Donald», el europeo, decidió emular ayer al mejor Donald. Querido Trump, con afecto, Tusk: «Además de los desafíos políticos tradicionales como el auge de China o la posición agresiva de Rusia, hoy estamos viendo un nuevo fenómeno, la asertividad caprichosa de la Administración norteamericana. Viendo las últimas decisiones del presidente Trump, alguien podría incluso pensar: 'Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?». Si alguien tenía alguna duda de que la UE está harta del proceder de la nueva Administración estadounidense, que vuelva a leer el arranque de esta crónica. Europa ha dicho basta.

El presidente del Consejo Europeo, un ferviente defensor de las relaciones trasatlánticas debido a su DNI polaco, decidió ayer lanzar un durísimo mensaje a Washington para mostrar su creciente malestar por los continuos desaires que está sufriendo la UE. Lo hizo desde Sofia, la capital búlgara, donde anoche cenaron los jefes de Estado y de gobierno para analizar los últimos zarpazos de Donald Trump, como las amenazas de imponer aranceles al acero y el aluminio comunitarios y, sobre todo, la decisión unilateral de abandonar el histórico pacto nuclear con Irán. La relación entre la UE y Trump es el relato de una historia de poco amor y mucho odio. Y es que el magnate republicano se ha propuesto acabar con el legado de Obama y lo está haciendo dando una tunda de patadas en el trasero de sus aliados europeos.

«Todo tiene un límite», confesaba anoche un alto cargo comunitario. «No podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay que lanzar un mensaje y nuestra mejor arma es la unidad de los 28», apostilló. Así fue. La declaración de Tusk previa a la cena es toda una declaración de intereses. Quizá la palabra zasca se ideó para situaciones como la de ayer.

«Hablando de forma franca, Europa debería estar agradecida al presidente Trump porque gracias a él nos hemos liberado de todas las ilusiones. Nos ha hecho darnos cuenta de que si necesitamos una mano amiga, solo la encontraremos al final de nuestro brazo», recalcó tajante. Un durísimo mensaje que sigue al que la canciller alemana, Angela Merkel, envió hace unos días desde Aquisgrán. «La época en la que podíamos confiar en Estados Unidos se acabó. Europa debe poner su destino en sus propias manos», advirtió. Que el senedrín del club de clubes quería que el mensaje de Tusk tuviera el eco que tuvo se evidencia en el hecho de que ninguno de los 28 líderes habló anoche. Ni al llegar ni al salir de la cena. Aquí, por cierto, estaba Mariano Rajoy, que hoy se ausentará de la cumbre UE-Balcanes para no hacerse la foto con Kosovo en pleno desafío independentista en Cataluña. Será el único que falte.

Cumbre con los Balcanes

Hoy hay cumbre, sí, pero lo relevante era lo de anoche. A puerta cerrada, a calzón quitado. ¿Qué hacer con estos Estados Unidos? «Hay que ser sinceros y admitir que las recientes visitas de Emmanuel Macron y Merkel a Washington no han servido para nada», admiten fuentes diplomáticas. Hay enfado, desconcierto y rabia, pero también firmeza y voluntad para intentar cambiar las tornas.

«Europa debe hacer todo lo que esté en su mano para proteger, pese al actual estado de ánimo, el vínculo trasatlántico. Pero al mismo tiempo debemos prepararnos para escenarios en los que tendremos que actuar por nuestra cuenta. Tenemos suficiente potencial para estar a la altura del reto, pero necesitamos más unidad política y determinación», recalcó el ex primer ministro polaco. «Ser europeo es un motivo de orgullo. Tenemos el derecho y la obligación de llevar la cabeza bien alta, tanto con nuestros enemigos como con nuestros amigos», arengó.

Europa tiene dos opciones encima de la mesa: Dar un puñetazo y ser «uno de los jugadores principales en el nuevo tablero mundial» o, por contra, «convertirse en un títere». Se trata de elegir, de decidir qué quiere ser de mayor. O ambición o complacencia. Ponerse de perfil nunca ha sido la mejor opción. «Para ser los sujetos y no los objetos de la política mundial, Europa debe estar unida en lo económico, en lo político y en lo militar como nunca antes. Para decirlo sin rodeos, o estamos juntos o dejaremos de ser», zanjó.

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