El-Sisi logra el 92% de los votos, pero sale debilitado por la alta abstención de los egipcios

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL

jerusalén. Abdelfatah el-Sisi gobernará Egipto los próximos cuatro años, como nadie ponía en duda, pero lo hará tras ganar unos comicios en los que no ha logrado movilizar al electorado. Los datos definitivos se harán públicos el lunes, si bien la gran incógnita era saber la participación y, según medios locales como el diario 'Al-Ahram', no superará el 42%, lo que no le deja en la posición de fuerza que esperaba y debilita su imagen. El periódico más importante del país, que el día posterior al cierre de los colegios tituló 'El pueblo ha elegido a su presidente', indicó que El-Sisi recibió alrededor de 23 millones de votos, de los 25 millones que fueron emitidos, un 92% del total.

El diario estatal 'Akhbar al-Yaum', por su parte, y la agencia oficial Mena proporcionaron cifras similares por lo que este parece que será el margen obtenido por el exmariscal tras un proceso electoral que la oposición ha calificado de «farsa». Estos datos son peores que los de 2014, cuando obtuvo el 96,7% de los votos y la participación llegó al 47% después de que se estirara la votación a tres días.

El-Sisi pidió el apoyo en las urnas para completar en su segundo mandato las reformas que ha puesto en marcha en estos cuatro años y para culminar su guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico. Egipto, sin embargo, es un país diferente desde 2011 y el general no ha sido capaz de convencer a una gran parte de los ciudadanos, que desconfían de sus formas autocráticas y ha decidido no acudir a votar.

El espíritu de Tahrir

Incentivos, en forma de pequeñas cantidades de dinero o de regalos, y amenazas como la de multar con 500 libras a quien no votara (23 euros), no han sido suficientes y hay una parte de la población que sueña con recuperar la plaza Tahrir para expresar su indignación con el actual dirigente, como lo hicieron con Hosni Mubarak. Otra parte opina que El-Sisi es la apuesta por la estabilidad y confía en que pueda sacar al país de la crisis económica y, gracias a la mayor seguridad, vuelva a resucitar un sector como el del turismo, de capa caída desde la revolución que hace siete años tuvo su epicentro en Tahrir.

Con Egipto dividido políticamente y hundido por la crisis, Siria e Irak destrozados por la guerra, y los países del Golfo inmersos en una disputa interna entre Arabia Saudí y Catar, el mundo árabe vive ahora momentos de gran debilidad y no se ve una salida a corto plazo.

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