El-Sisi choca con la masiva abstención de los egipcios

El mariscal, que tiene garantizada la reelección, se enfrenta al malestar de la población, que evitó las urnas para castigar la gestión del Gobierno

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL

jerusalén. Egipto cuenta los votos tres días después de unas elecciones en las que el gran rival que tiene Abdelfatah el-Sisi es la abstención. El descontento con la gestión del mariscal es generalizado y, sea cual sea la cifra oficial que dé la Autoridad Nacional Electoral (ANE), no parece que vaya a salir reforzado de un proceso en el que las autoridades han empleado todos los medios a su alcance para llevar a la gente a las urnas, incluida la amenaza de multa de 500 libras (23 euros al cambio) por no votar. Cuatro años después de obtener el 97% de apoyo en unas elecciones en las que participó casi la mitad del electorado (47%, tras alargar el proceso a tres días porque después de los dos que estaban previsto había votado el 37%), los jueces de diferentes colegios consultados en el centro de El Cairo no elevaban la participación más allá del 20%.

El primer ministro, Sherif Ismail, exhortó a los egipcios a acudir a las urnas porque «es un derecho constitucional y un deber para la nación». El portavoz del Parlamento, Salah Hasabalá, dio un paso más y recordó que hay una ley que sanciona la abstención y señaló que «hay muchos mecanismos que permiten al Estado aplicar este texto».

En medio de estos mensajes amenazantes se desarrolló la última jornada de lo que parecía un camino de rosas para El-Sisi, cuyo único oponente en los comicios ha sido Musa Mustafá Musa, un desconocido colaborador suyo, pero que se complicó por la falta de respuesta de unos egipcios asfixiados por la crisis económica que atraviesa el país y molestos por tener solo un candidato a quien poder votar.

«Creo, sinceramente, que es muy posible que después de ver lo que hemos visto, el régimen manipule los resultados porque El-Sisi lo que busca a toda costa es consolidar y perpetuar su poder», opina el analista egipcio, Amr KHalifa, para quien «el siguiente paso será cambiar la Constitución para poder permanecer en su cargo más de dos mandatos». Siete años después de que los egipcios derrocaran a Hosni Mubarak en Tahrir, los militares vuelven a controlar el país y la mítica plaza permanece blindada para evitar que se convierta de nuevo en un centro de protesta contra El-Sisi, la persona que dirigirá el Gobierno, en principio, los próximos cuatro años. Pero en Egipto, como se ha visto desde 2011, todo es posible.

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