El-Sisi anima a los egipcios a votar para legitimar su triunfo en las urnas

El candidato rival, Musa Mustafá Musa (segundo por la derecha), tras emitir, ayer, su voto en El Cairo. :: Amr Abdallah Dalsh/ reuters/
El candidato rival, Musa Mustafá Musa (segundo por la derecha), tras emitir, ayer, su voto en El Cairo. :: Amr Abdallah Dalsh/ reuters

El presidente organiza unos comicios en los que la presencia de su único rival es testimonial y donde la oposición hace campaña por el boicot

MIKEL AYESTARAN EL CAIRO.

Egipto está inmerso en un proceso electoral de 72 horas que no termina hasta mañana a las nueve de la noche, pero en el que no hay duda de la victoria aplastante del actual presidente, Abdelfatah el-Sisi. La primera jornada de voto discurrió «de forma organizada, con facilidades para los votantes», según informó la Autoridad Nacional Electoral, que aseguró que la participación en los más de 13.000 centros está siendo «alta».

Las autoridades quieren colas y más colas en los colegios, pero en el centro de El Cairo solo se pudieron ver algunas a primera hora de la mañana, sobre todo formadas por jubilados que querían cumplir con su derecho al voto lo antes posible. Costaba encontrar jóvenes como Adel, futuro estudiante de Ciencias Políticas, que votó por primera vez en su vida y lo hizo a favor de El-Sisi, con el objetivo de que «una vez culmine sus grandes planes económicos sea capaz de acabar con el paro juvenil. No quiero emigrar, amo Egipto, pero ahora no hay trabajo».

Para dar con una escuela basta con dejarse guiar por la música a todo volumen de los DJs que de nueve de la mañana a nueve de la noche pinchan todas las canciones patrióticas imaginables a las puertas de los centros de voto. «Esto es peor que la guerra», bromeaba un militar en un colegio del barrio de Abdín en el que, a falta de votantes por la tarde, se pedía a los que ya habían votado que se quedaran un rato en los aledaños para hacer bulto. A cambio se les entregaban banderines con la bandera nacional, camisetas con el eslogan de El-Sisi 'Tahia Masr' (¡viva Egipto!), zumos, chocolatinas y todo lo necesario para pasar el rato.

LA CLAVEEn 2014, El-Sisi cosechó el 97% de los sufragios y en esta nueva cita espera salir reforzado

La falta de votantes puso nerviosos a algunos de los responsables de los centros que pidieron a la prensa no tomar imágenes hasta que se pudiera ver gente esperando. La falta absoluta de rivalidad con el segundo candidato en liza, Musa Mustafá Musa, desconocido para la gran mayoría, hace que estas elecciones sean monocromáticas y que no haya debate de ningún tipo.

Cada entrevista a pie de urna es una loa a un presidente que «en su segundo mandato va a conseguir devolver a Egipto al lugar que se merece en el mundo. Le queremos y él nos quiere y por eso no tengo duda de que seremos pronto una potencia económica», soñaba Mustafá Said, juez retirado. Eva, veterana votante cristiana, subrayaba el «papel fundamental de este líder en la lucha contra el terrorismo, una batalla en la que los egipcios estamos en primera línea», en alusión a los combates que libra el Ejército contra el grupo yihadista Estado Islámico en la península del Sinaí.

Superado este trámite electoral parece que la complicada situación económica y de seguridad que sufre el país quedarán para siempre en el pasado, según la opinión unánime entre los votantes. Estas son las voces que se pueden escuchar en este Egipto en el que grupos opositores como el Movimiento revolucionario 6 de Abril llamaron al boicot y lanzaron el hashtag «no salgas» y recordaron que el país sufre «la campaña más grande de detención, represión y matanza de los jóvenes», a manos de El-Sisi.

En las elecciones de 2014 el presidente obtuvo el 97% de los votos, pero la participación no llegó ni a la mitad y este es el gran reto que tienen por delante las autoridades. Por eso en los medios oficialistas se considera cada voto «una bala al enemigo» y se acusa a quienes apoyan el boicot de servir «a las fuerzas del mal». El-Sisi va a ganar, pero necesita además contar con un respaldo superior al que obtuvo hace cuatro años para reforzar su imagen de gran líder que algunas voces ya empiezan a cuestionar.

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