Egipto vota con la victoria de El-Sisi garantizada

Los carteles electorales de la candidatura de El-Sisi ocupan lugares destacados en todos los barrios de la capital egipcia. :: ammar awad / reuters/
Los carteles electorales de la candidatura de El-Sisi ocupan lugares destacados en todos los barrios de la capital egipcia. :: ammar awad / reuters

La participación es la única incógnita de unas elecciones que se presentan como un mero trámite

MIKEL AYESTARAN EL CAIRO.

Ni Lionel Messi, ni Cristiano Ronaldo, ni Mohamed Salah, el goleador egipcio enrolado en las filas del Liverpool. El rostro omnipresente en las calles de El Cairo es el de Abdelfatah el-Sisi. El presidente egipcio se prepara para su reelección y todo el país se ha engalanado con sus fotografías y los colores rojo, blanco y negro de la bandera nacional. Casi 60 millones de egipcios tienen derecho al voto en un proceso en el que las urnas permanecerán abiertas hasta el miércoles con el objetivo de lograr una alta participación.

Este dato es la única incógnita de un proceso en el que El-Sisi no tiene rival, después de haber borrado de la carrera a la presidencia a los aspirantes que podían hacerle algo de sombra, dos de ellos vinculados con el Ejército. Los votantes deberán elegir entre el exgeneral y un gran desconocido llamado Musa Mustafá Musa, responsable hasta ahora de campañas de apoyo al propio El-Sisi que presentó su candidatura a última hora para que su presencia diera algo más de legitimidad al proceso.

La votación se presenta como un mero trámite, como lo fue la jornada de reflexión en lugares como Gamaleya, el barrio de El Cairo islámico que vio nacer al presidente hace 63 años. Una parte vive del turismo, la otra es muy humilde y en ella los comerciantes se han juntado para decorar con grandes fotos de su ilustre vecino las callejuelas. «Los primeros cuatro años han sido duros, pero los ha empleado en sembrar y ahora esperamos que pueda empezar a recoger los frutos. Venimos de dos revoluciones, con una economía maltrecha y rezamos para que las cosas mejoren», apunta el doctor Taher, dueño de una farmacia situada a pocos metros del callejón en el que todos aseguran que nació el líder. Dos perros embarrados juegan en mitad de este lugar sin asfaltar, con las casas medio en ruinas convertidas en improvisados vertederos.

Crisis de derechos humanos

En los cafés más próximos, como el Husaan, no se habla de política hasta que llega este enviado especial. «No hay debate posible porque es el hombre que necesitamos. De este barrio han salido grandes líderes y personas ilustres, como el Nobel de Literatura Naghib Mahfouz, nuestro futuro está en sus manos y esperamos que acierte con sus decisiones», apunta Samir Labib, funcionario jubilado, orgulloso de «haber nacido en el mismo año que el rais, 1954».

Este hombre cuenta que el dirigente vivió en estas calles hasta que terminó la Academia Militar y señala una peluquería próxima en la que, asegura, «se cortaba el pelo cada semana». Habla sin quitar un ojo de la acreditación que cuelga del cuello de su interlocutor.

La devoción en este bastión de El-Sisi contrasta con las críticas que llegan de la oposición o de organizaciones internacionales como Human Rights Watch o Reporteros Sin Fronteras, que forman parte del grupo de 14 ONG internacionales que hace un par de semanas calificaron las elecciones de «farsa» y denunciaron que se celebran en medio «de la peor crisis de derechos humanos del país en décadas».

El-Sisi llegó al poder en 2013 tras dar un golpe de Estado cuando era ministro de Defensa contra el primer presidente elegido de forma democrática en el país, Mohamed Mursi. Un año más tarde se presentó a las elecciones y obtuvo el 97% de los votos con la mejora de la economía y la lucha contra el terrorismo como principales argumentos ante unos votantes ansiosos de recuperar cierta estabilidad. El problema en 2014 fue que no votó ni la mitad del electorado (47%) y por eso ahora la votación durará tres días, con el objetivo de que alcance al menos el 60%, la cifra que manejan los medios más próximos al líder como óptima para certificar el apoyo popular al dirigente.

Su estrategia económica consiste en «austeridad a corto plazo para obtener la prosperidad a largo», lo que ha ocurrido es que el recorte de los subsidios y la devaluación de la moneda han golpeado de lleno a las clases más humildes. En cuanto a la «lucha contra el terror», el Ejército está inmerso en una nueva ofensiva en el Sinaí, lugar de operaciones de un grupo yihadista, Estado Islámico (Daesh), que ha convertido esta península en su 'wilayat' (provincia) más importante fuera de lo que fue el califato en Siria e Irak. En nombre de esta guerra contra el terror, El-Sisi también ha detenido a miles de simpatizantes de Hermanos Musulmanes, que después de ganar las elecciones en 2012 con Mursi han vuelto a la absoluta clandestinidad.

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