El FBI vuelve a poner en evidencia al Gobierno de Trump

Wray y otros altos cargos de la seguridad del Estado, ayer, ante el Comité de Inteligencia del Senado. :: afp/
Wray y otros altos cargos de la seguridad del Estado, ayer, ante el Comité de Inteligencia del Senado. :: afp

La oficina federal desvela que un subalterno del general Kelly, jefe de gabinete del presidente, es investigado por violencia doméstica

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

De todos los generales que rodean a Donald Trump, John Kelly era, hasta hace poco, uno de los más valorados por sus condecoraciones en Afganistán y por ejercer el duro trabajo de meter en cintura a un mandatario impredecible que reina en una Casa Blanca caótica. Han bastado seis meses como jefe de gabinete para destrozar su credibilidad, pero es un escándalo de violencia doméstica el que puede costarle el puesto.

No era su matrimonio el que pasaba por apuros, sino los dos que mantuvo Rob Porter, de 40 años, secretario de personal de la Casa Blanca, asesor del presidente y pareja de su mano derecha, Hope Hicks, la exmodelo de 29 años que le escribe los emails, alisa el traje y contesta sus preguntas ante la prensa.

Como directora de Comunicaciones desde que dimitiese Anthony Scaramucci y secretaria de prensa durante la campaña electoral, Hicks había logrado eludir los focos hasta que el 'Daily Mail' publicó la semana pasada que su novio no había recibido luz verde para manejar secretos de Estado por las acusaciones de violencia doméstica que presentaron sus dos exesposas y una exnovia que también trabaja en el Gobierno. A Hicks se le atribuye la redacción del comunicado que leyó Kelly al hacerse pública la acusación, declarando a Porter «un hombre de honor y verdadera integridad». Cuando las fotografías de Colbie Holderness con el ojo morado llegaron a la prensa, el general entendió que su posición era insostenible. La versión de que todavía no conocía la dimensión de las acusaciones se vino abajo ayer en el Senado, donde el director del FBI, Chris Wray, declaró bajo juramente haber enviado un informe preliminar a la Casa Blanca en marzo de 2017 y otro completo en julio.

Porter, actual pareja de la jefa de Comunicación, es acusado por dos antiguas esposas y una exnovia

Dos informes

El propio Karl Rove, arquitecto electoral de la victoria de George W. Bush, considera probado que la Casa Blanca conoció la situación de Porter en marzo, «a lo más tardar en julio», dijo a Fox News. En esa misma cadena Scaramucci conminó a Kelly a dimitir. Fue también Fox la que reveló ayer que Kelly pretendía convertir a Porter en su adjunto apenas la víspera de su dimisión. Y el diario 'The Washington Post' el que reveló que el personal de la Casa Blanca se quedó atónito cuando Kelly les instruyó a que difundieran información falsa sobre la rapidez con la que tomó la decisión de despedirlo en cuanto conoció su situación -en realidad se le acusa de haber intentado convencer a Porter para que se quedara y luchase por defender su versión-.

Porter no es el único que lleva más de un año trabajando en la Casa Blanca con un permiso provisional para manejar información clasificada. Docenas de altos cargos tienen su reputación en duda tras las investigaciones del FBI, entre ellos el yerno del presidente, Jared Kushner, que omitió en su solicitud cientos de contactos con agentes de gobiernos extranjeros.

Parte del trabajo de Porter era supervisar los documentos que llegaban a la mesa de Trump. El presidente lo defiende contra viento y marea porque, en tiempos de la revolución del #MeToo, se ha erguido en adalid de los hombres «cuyas vidas son destruidas por meras acusaciones», tuiteó. La segunda esposa de Porter, Jennifer Willoughby, llegó a estar protegida por una orden de alejamiento.

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