Trump vuelve a descarrilar

C. CONEJERO

nueva york. Como si la tensión en Arizona no fuera bastante, Trump celebró en Phoenix un temprano mitin electoral para 2020 donde volvió a retomar los temas de su guerra particular con los medios y a reavivar la controversia de Charlottesville. En los días previos a la visita presidencial el ambiente en la ciudad era de temor bíblico a medida que docenas de grupos anti-Trump se organizaban para fuertes protestas y otros tantos pro-Trump reafirmaban su derecho a llevar armas. Temiendo lo peor, el propio alcalde demócrata, Doug Stanton, instó al presidente a retrasar el viaje aunque como es sabido Trump nunca escucha los consejos de nadie, y menos fuera de su círculo personal.

También muchos republicanos habrían preferido que la visita del presidente se hubiera centrado en apoyar a los candidatos republicanos en pleno ciclo electoral, pero el papel de secundar no tiene cabida en el mundo de Trump. En un acto perfectamente coreografiado, con pancartas por la paz y la calculada presencia de negros como la nieta de Martin Luther King, el mandatario se saltó el guión que emanaba del teleprompter, y sacando del bolsillo sus propias notas, volvió a descarrilar con los temas de siempre.

Un encolerizado presidente volvió a retomar el tema racial de Charlottesville y a defender sus declaraciones condenando al supremacismo, el Ku Klux Klan y los neonazis, durante una alocución de 75 minutos dirigida a halagarse el ego, alimentar a la base y demostrar a los profesionales de Washington y Nueva York que aún puede comandar a las masas de sus seguidores.

Trump relanzó una vez más sus acostumbrados ataques a la prensa regodeándose en su hostilidad personal con los medios, seguida de los abucheos de rutina por parte de los congregados. Para echar más leña al fuego, Trump volvió a despotricar sobre la retirada de las estatuas confederadas desoyendo con ello a donantes, amigos y consejeros.

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