Trump contra su propio Gobierno

Trump, rodeado de su equipo de seguridad, se dirige a sus seguidores al llegar a un aeropuerto de Virginia. :: Jonathan Ernst / afp
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Trump, rodeado de su equipo de seguridad, se dirige a sus seguidores al llegar a un aeropuerto de Virginia. :: Jonathan Ernst / afp

El presidente autoriza difundir información clasificada aunque el FBI y el Departamento de Justicia creen que dañará la seguridad

MERCEDES GALLEGO

nueva york. Acostumbrado a dirigir una empresa familiar con sus hijos, Donald Trump aún no ha encajado que quienes trabajan en el Gobierno de EE UU no tienen obligación de ser sus más leales admiradores. «¿Eres de mi equipo?», le preguntó en diciembre al adjunto del Departamento de Justicia Rod Rosenstein, según CNN. «Todos estamos en su equipo, señor presidente», le esquivó este.

Desde que el fiscal general, John Ashcroft, se inhibió de la investigación sobre la trama rusa por haber trabajado en la campaña de Trump, Rosenstein, su segundo, es el hombre a cargo y nombró al fiscal especial Robert Mueller para garantizar la independencia de la investigación. Trump cree que buena parte del Gobierno está contra él, dispuestos a sabotearle desde las sombras, como a su juicio ocurrió con el FBI durante la campaña electoral. Según él, el Deep State había elegido a Hillary Clinton como presidenta e hizo todo lo posible para ayudarla.

Una extraña teoría de la conspiración cuando precisamente fue el FBI el que dañó las perspectivas electorales de Clinton al reabrir las investigaciones sobre sus e-mails diez días antes de las elecciones. Con ello minó su credibilidad con las urnas anticipadas ya abiertas, antes de exculparla. «Tuvo muchas agallas», alabó entonces Trump al director del FBI James Comey. Meses después le despediría acusándole de ser un fanfarrón. Trump le había pedido «lealtad». Comey solo le prometió «honestidad».

LAS CLAVES El presidente considera que las agencias de la administración conspiran contra él El documento no omitirá nombres y apellidos de autores de supuestos abusos

El hombre que redactó el primer borrador de esa polémica carta fue Peter Strzok, un alto cargo del FBI que ha sido demonizado al conocerse mensajes de texto en los que criticaba al entonces candidato Donald Trump y expresaba su creencia de que Clinton debería de ganar. Lo que prueba eso es que tanto Comey como Strzok pusieron su profesionalidad por encima de sus ideas políticas, pero Trump, obsesionado con la lealtad de quienes cree que trabajan para él, no para el país, ve esos mensajes como la prueba de que el Deep State iba a por él.

Esa oscura entelequia de poderes gubernamentales que decide quién manda y quién cae. Una sociedad secreta de poderes fácticos de diferentes agencias del Gobierno -militares y de inteligencia- cuya existencia nunca probada revivió la ultraderecha de Breitbart durante la campaña electoral de 2016 para convencer a sus seguidores de que el Deep State no permitiría que Trump ganase las elecciones. Entonces ni él pensaba que podía vencer y ya anticipaba acusaciones de fraude. Trump acabó creyéndose su propia propaganda y ahora que es presidente está decidido a acabar con los que iban a por él.

Purga

Para esa misión de purga conspiratoria ha reclutado a Devin Nunes, el republicano al frente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja que durante su investigación sobre la trama rusa dice haber revisado numerosa información clasificada que confirma las sospechas del presidente. Una de ellas fue la que tuiteó el 4 de marzo: «¡Terrible! Acabo de enterarme de que Obama me tenía pinchado en la Torre Trump justo antes de mi victoria. ¡Esto es Macartismo!».

Atribuir a Obama la operación del FBI que intervino las comunicaciones de Carter Page es personalizar el Gobierno en la figura del presidente, como Trump cree que funciona. Su asesor electoral estaba bajo investigación por sus viajes a Moscú y sus inversiones en Gazprom, la empresa energética del Kremlin. A través de sus más altos cargos, como mandan las reglas, el FBI y el Departamento de Justicia obtuvieron una orden judicial de FISA, el tribunal secreto que autoriza el espionaje más sensible relacionado con la seguridad nacional, de acuerdo con la Ley de Inteligencia de Vigilancia Extranjera, utilizada desde el 11-S para espiar a ciudadanos estadounidenses que entren en comunicación con sospechosos de terrorismo. Hace tres semanas los republicanos votaron en favor de su renovación al descartar la idea de posibles abusos, que ahora dicen querer denunciar con este memorándum.

El presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja cree que el documento de cuatro páginas que Nunes escribió mostrará con nombres y apellidos los abusos cometidos por altos cargos del Departamento de Justicia y del FBI en el uso de FISA y el espionaje de ciudadanos estadounidenses, empezando por Trump. «Tan pronto como se dé a conocer caerán altos mandos», auguró el congresistas republicano Lee Zeldin, que dice haberlo leído.

El Departamento de Justicia y el FBI argumentan que el documento es engañoso porque omite importantes detalles para entender lo que ocurrió con la intención política de probar una supuesta conspiración y mermar la credibilidad de la investigación del fiscal especial Robert Mueller. Han advertido a la Casa Blanca de que el daño a la seguridad nacional será irreparable y no tendrán la oportunidad de clarificarlo, porque para eso tendrían que exponer sus fuentes y métodos. Con todo, Trump ha prometido «al cien por cien» autorizar la publicación de este polémico documento, que según el demócrata de más alto rango en el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja Adam Schiff ha recibido «sustanciales modificaciones» desde que abandonó el comité. El pulso abre una crisis constitucional entre la Casa Blanca, el Departamento de Justicia y el FBI, donde en el último año ha sido despedido su director y ha dimitido prematuramente su número dos.

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