Trump priva a Puerto Rico de ayuda exterior

Un pick-up tira de un todoterreno en una carretera inundada tras el paso del huracán 'María'. :: reuters/
Un pick-up tira de un todoterreno en una carretera inundada tras el paso del huracán 'María'. :: reuters

Pasadas tres semanas desde que el huracán 'María' arrasase la isla, el 85% de la población sigue sin luz y el 40% sin agua

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

A medida que 'Irma' avanzaba amenazador hacia Florida, los ojos del mundo estaban clavados en la ciudad de Miami como si llegase el fin del mundo. El huracán prefirió dar un zarpazo a Puerto Rico, como pequeño anticipo de lo que sería después la devastadora embestida de 'María', el primero de categoría 4 que tocaba de lleno en la isla desde 1932. Tres semanas después, igual de olvidada, el 85% de la población sigue sin electricidad, el 40% sin agua corriente y la mitad sin teléfono. Hasta los generadores de los hospitales se quedan sin combustible. La última víctima mortal, la número 43, murió el jueves pasado después de una semana sin acceso al tanque de oxígeno que le permitía respirar. Al no haber electricidad en la morgue para mantenerlo refrigerado, los embalsamadores encontraron a este maestro de 58 años tan descompuesto que no pudieron darle un final digno. Su hija Lisa se resignó. «Mucha gente está muriendo por falta de electricidad. Ahora no te puedes poner enferma».

Atrapado entre en su particular relación con Estados Unidos, del que es territorio asociado desde principios del siglo pasado, Puerto Rico no tiene quien lo socorra. El secretario general de la ONU, António Guterres, visitó el sábado las islas de Dominica y Antigua y Barbuda, para las que busca la atención de los donantes. Puerto Rico no estaba en su lista. «No podemos intervenir sin que nos lo pidan», observó la oficina del portavoz de Naciones Unidas. Washington no lo hará, porque no le faltan medios, solo voluntad. Apenas hay cuatro diputados de la isla caribeña en la Cámara Baja, ninguno en el Senado. Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses, pero no votan en las elecciones generales salvo que residan en el territorio continental. No hay temor a perder sus sufragios.

Después de que el huracán 'Katrina' arrasara el Golfo de México en 2005 el Gobierno destinó 85.000 millones de dólares (71.600 millones de euros) en fondos de emergencia. Otros 50.000 (42.100) a Nueva York y Nueva Jersey después del huracán 'Sandy'. ¿A Puerto Rico? Nada. Como mucho se habla de un préstamo de 4.900 millones (4.129), que además de que «apenas serviría para arañar la superficie de sus necesidades», explica el periodista puertorriqueño Juan González, se añadiría a la deuda de 74.000 millones de dólares (62.300 millones de euros) que ya ahogaba la economía de la isla. Sobre su cabeza penden también 53.000 millones de dólares (44.500) que debe pagar en pensiones.

Sin médicos ni combustible

Tampoco llegarán médicos cubanos a paliar las epidemias de conjuntivitis y enfermedades estomacales que se multiplican rampantes entre la población sucia y hambrienta. Ni combustible de México o Venezuela para mitigar los kilómetros de automóviles en cola que se posicionan ante las pocas gasolineras abiertas. Desde hace un siglo la llamada 'Ley Jones' impide que arriben a sus costas barcos que no ondeen la bandera estadounidense, incluso para llevar ayuda humanitaria. Ante el clamor popular el Gobierno de Trump concedió una exención de diez días que ya ha expirado y no tiene intención de renovar. «Tenemos muchos transportistas que no quieren que se levante esa ley», aclaró Trump, siempre más empático con los empresarios que con los que sufren.

Su administración argumenta que el problema no es llevar suministro hasta las costas de Puerto Rico, sino distribuirlo por la isla, ya que las carreteras están bloqueadas por los escombros y la población ni siquiera puede llegar a los puertos para recogerlos. Algo que no ha convencido a John McCain, uno de los pocos abogados que la causa de Puerto Rico ha encontrado en Washington. «Es inaceptable que tengan que pagar el doble por comida, agua y materiales para reparar su infraestructura», escribió en un comunicado el senador, enfermo de cáncer.

Esa era una de las losas que enterraba la economía de la isla, mercado rehén del imperio. McCain pide que la centenaria 'Ley Jones' desaparezca por completo para que su economía pueda respirar. Otros creen que no lo hará nunca si no se le perdona la deuda que tiene con Wall Street y se le ayuda a enfrentar las pensiones y reconstruir la infraestructura. Por eso la senadora de Nueva York Kirsten Gillibrand, que tiene entre sus votantes un millón y medio de origen puertorriqueño, pide todo eso y más en un nuevo Plan Marshall.

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