Trump pone fin al Plan de Energía Limpia de Obama

El presidente de EE UU cumple su promesa a los mineros y anula el proyecto para reducir las emisiones fósiles en el sector eléctrico

MERCEDES GALLEGO

nueva york. Como fiscal general de Oklahoma, Scott Pruitt demandó a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) en catorce ocasiones por sus intentos para limitar las emisiones de gases contaminantes. Sus correos oficiales revelan que los abogados de la industria energética escribieron por él los argumentos contra la EPA. Entonces se cumplió su sueño. Donald Trump llegó al poder con la promesa de devolver el brillo a la industria energética más contaminante, la del carbón, y le puso a él al frente de la agencia contra la que tanto había luchado para hacerlo realidad.

El lunes, en Kentucky, cuna de la minería estadounidense, Pruitt anunció que ya tenía lista la propuesta para desmantelar una de las regulaciones medioambientales más ambiciosas de Obama, el llamado Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan). Ayer firmó el documento, que tendrá que defender en los tribunales porque al menos cuatro Estados -Massachusetts, California, Oregón y Carolina del Norte- han anunciado ya su decisión de retarlo judicialmente.

Tampoco hay aún ninguna alternativa regulatoria que, dice, se redactará «con humildad, escuchando a los afectados». La que desmantela era injusta y arrogante porque «elige ganadores y perdedores», sostiene. «La guerra contra el carbón se ha acabado», sentenció ante los mineros de Kentucky, que le aplaudieron exultantes. Nadie sabe, sin embargo, cómo ni cuándo van a volver los empleos que han desaparecido.

Las restricciones al carbón desaparecerán, aunque la industria ya no lo considera rentable

El plan que Obama alumbró en 2014 se adelantaba a los Acuerdos de París al exigir a todos los Estados de la Unión que redujesen sus emisiones fósiles en el sector de la electricidad un 32% para el año 2030, en comparación a sus niveles de 2005. Les daba amplio margen para que eligiesen cómo compensar esas emisiones, ya fuera estimulando la producción de energías alternativas o desarrollando recursos para mejorar la eficiencia energética. Los fiscales de 26 Estados se sumaron a Pruitt para demandarlo, mientras 18 Estados apoyaron a la EPA en su defensa.

Dos años después, cuando el mundo se puso de acuerdo para una meta más modesta, la de recortar las emisiones de carbón entre un 26% y un 28% con respecto a los niveles de 2005, el plan energético de Obama daba la confianza de que EE UU podría cumplir con su parte del trato. Un acuerdo del que su sucesor, Donald Trump, se ha desentendido, pero que a efectos prácticos podría cumplirse si las ciudades y Estados continúan el plan de Obama.

Contentar a las bases

Sierra Club está de acuerdo con la frase lapidaria de Pruitt: «La Guerra contra el carbón se ha acabado», pero tiene un apéndice que añadir: «Y el carbón ha perdido». En opinión de la organización medioambiental las medidas del nuevo administrador de la EPA podrán contentar a sus bases más conservadoras, pero la industria ya ha puesto fin a la era del carbón porque «no era rentable», explicó la empresa Luminant el mes pasado cuando cerró la planta de Monticello al este de Texas.

El carbón supuso el año pasado un 30% de los combustibles utilizados, cayendo por primera vez por debajo del 34% que alcanzó el gas natural.

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