Trump ofrece palo y zanahoria a Kim

El presidente chino Xi Jinping bromea con Donald Trump y la primera dama Melania en su visita a la Ciudad Prohibida de Pekín. :: Jonathan Ernst / Reuters/
El presidente chino Xi Jinping bromea con Donald Trump y la primera dama Melania en su visita a la Ciudad Prohibida de Pekín. :: Jonathan Ernst / Reuters

Alternó la amenaza y la perspectiva de un «brillante futuro» en su discurso ante el Parlamento surcoreano antes de viajar a Pekín

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

«Quiero lograr la paz a través de la fortaleza». Así de claro y de contundente resumió Donald Trump su estrategia para la península coreana durante su discurso en el Parlamento de Seúl. Como hizo en las tres primeras jornadas de su maratoniana gira por Asia, Trump utilizó la ocasión en el Legislativo surcoreano para lanzar una amenaza nada velada contra el régimen de Corea del Norte. «No nos subestimen. No nos pongan a prueba. No buscamos la confrontación, pero tampoco la rehuiremos. No permitiremos que ciudades americanas sean amenazadas», sentenció en su mensaje a Pyongyang.

«Las armas que desarrollas no te dan mayor seguridad. Ponen tu régimen en mayor peligro», le dijo al dictador norcoreano, Kim Jong-un, seguro de que estaría siguiendo el discurso. El presidente estadounidense también tuvo palabras para Rusia y China, los dos países más cercanos a la Corea comunista. A sus dirigentes les pidió que sigan sus pasos para hacer frente a la amenaza que suponen los programas de desarrollo de armas atómicas y de misiles intercontinentales del país más hermético del mundo. «Todas las naciones responsables deben unir sus fuerzas para aislar al régimen norcoreano», pidió.

No obstante, en una concesión a su homólogo surcoreano, el más moderado Moon Jae-in, también tendió la mano al diálogo. Es más, habló de la esperanza en una reunificación pacífica de la península coreana. «Soñamos con autopistas que la recorran de norte a sur», afirmó después de ofrecer a Corea del Norte la posibilidad de «un futuro más brillante». Eso sí, siempre que Kim abandone sus programas militares y complete una desnuclearización total y verificable.

«Soñamos con autopistas que recorran de norte a sur la península de Corea»

No parece que eso vaya a suceder, y menos después de las palabras con las que Trump dibujó una caricatura de Corea del Norte. Sin ofrecer ningún tipo de datos, habló de niños desnutridos, de abortos forzados cuando los bebés no son puros, de campos de concentración y de trabajos forzados, de torturas, e incluso tuvo tiempo para recordar a Otto Warmbier, el estadounidense que murió después de ser repatriado en coma, estado en el que cayó en prisión cuando cumplía una condena de 15 años en Corea del Norte por haber robado un cartel de propaganda en el hotel de Pyongyang en el que se alojaba. «Corea del Norte no es el paraíso que buscaba tu abuelo sino un infierno que nadie merece», disparó, de nuevo dirigiéndose a Kim como si lo tuviese enfrente. Los diputados surcoreanos lo despidieron con una ovación a la que Trump no está acostumbrado en el extranjero.

El encanto de Arabella

Menos palmas le esperan en China, adonde llegó por la tarde. Trump no perdió el tiempo y se vio con el presidente Xi Jinping en la Ciudad Prohibida nada más aterrizar. Allí, sin embargo, la estrella fue la nieta del magnate americano, Arabella Trump, que deleitó a los dos hombres más poderosos del planeta cantando en mandarín. Según la agencia Xinhua, Trump mostró un vídeo de la niña de cinco años cantando y recitando poesía china. Xi se refirió a ella como “una pequeña estrella” y la invitó a visitar China.

Hoy se espera que la conversación entre los dos líderes tenga más enjundia. Y también tensión, porque detrás de los apretones de manos y de las buenas intenciones se esconde una rivalidad que se desarrolla en diferentes frentes. Por un lado está, de nuevo, Corea del Norte. Aunque China ha aprobado y dice acatar las sanciones impuestas por Naciones Unidas, Washington cree que puede hacer mucho más para presionar a Pyongyang.

Dinero y territorios

Todavía más relevante es la relación comercial bilateral, la más importante del planeta, en la que Estados Unidos siente estar en desventaja. No solo por el gran superávit comercial de China, sino también por las duras condiciones que el gigante asiático impone a las empresas extranjeras que se establecen en su territorio. Los analistas coinciden en que Trump invocará la necesidad de ser recíprocos para tratar de conseguir un escenario más justo para ellas. De momento, ayer el secretario de Comercio, Wilbur Ross, y el viceprimer ministro chino, Wang Yang, firmaron acuerdos comerciales por valor de unos 8.000 millones de euros.

Por su parte, China tratará de arrancarle a Trump mayor empatía hacia sus aspiraciones territoriales: Taiwán -y el principio de una sola China- y las aguas de los mares del Este y del Sur de China -donde Pekín construye islas artificiales criticadas por sus vecinos- serán también puntos de roce que pueden aparecer en las discusiones que mantendrán los dos presidentes antes de que Trump continúe su viaje de camino al sudeste asiático, precisamente la región con la que China tiene mayores disputas por la soberanía.

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