Trump y su falta de empatía

La viuda de David T. Johnson llora en presencia de su hija sobre el féretro de su marido. :: r. c./
La viuda de David T. Johnson llora en presencia de su hija sobre el féretro de su marido. :: r. c.

La familia de un 'boina verde' caído en Níger acusa al presidente de trasladarles de forma «irrespetuosa» sus condolencias

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL

nueva york. A principios de mes el cuerpo del sargento David T. Johnson quedó tirado en un pueblo de Níger durante dos días, olvidado por sus compañeros en el fragor de la batalla. El helicóptero que llegó a rescatarlos del ataque sorpresa de los terroristas del Estado Islámico había tardado 30 minutos desde que empezaron los disparos; «¡extraordinario!», dijo el Pentágono, satisfecho de la hazaña. Fueron los soldados africanos los que encontraron días después el cuerpo del 'boina verde' Johnson. Se cree que seguía con vida cuando sus compañeros despegaron.

David T. Johnson, de 25 años, era el único afroamericano de los cuatro fallecidos en esa emboscada, y su cuerpo, el último en volver a casa. Debajo del uniforme llevaba tatuado en el pecho el nombre de su esposa, Myeshia, embarazada de su tercer hijo. «Él sabía en lo que se metía, pero siempre duele cuando pasa», le soltó Trump por teléfono a la viuda cuando al fin la llamó para expresarle sus condolencias. «La mujer no paraba de llorar. Cuando colgó me dijo entre lágrimas: 'Ni siquiera se acordaba de su nombre'», relata la congresista Frederica Wilson, que acompañaba al aeropuerto a la viuda y a su hija de 6 años a recibir el féretro.

El presidente lo niega tajantemente y asegura «tener pruebas» de que no lo dijo. Pero Wilson pone por testigos a los ocupantes del coche que, como ella, escucharon la llamada en altavoz. La madre del soldado, Cowanda Jones-Johnson, ha confirmado a MSNBC que el presidente fue «irrespetuoso» con su tono jocoso.

Su incapacidad para la empatía con los que sufren es bien conocida, especialmente si estos pertenecen a minorías, como demostró recientemente su visita a Puerto Rico, devastado por el huracán 'María'. Al igual que la de culpar a otros, preferiblemente a su antecesor. Trump ni siquiera había hablado públicamente de los soldados caídos en ese oscuro episodio hasta que el lunes un periodista le preguntó por qué no había llamado aún a las familias. «Obama tampoco lo hacía», mintió.

Como coartada dijo que le preguntaran a su jefe de gabinete, el general John Kelly, si el entonces presidente le había llamado cuando su hijo murió en Afganistán, pero ahí es donde Kelly ha marcado la línea roja. No piensa politizar a su hijo. Siempre ha evitado hablar de él en público. Con todo, sus compañeros del Pentágono no recuerdan que se quejase del trato que se le dio durante su duelo.

La Casa Blanca le invitó a un desayuno para familias Gold Star, como se denomina a las que han perdido a un miembro en combate. A Kelly lo sentaron en la mesa de Michelle Obama, que dejaba palpable su empatía con largos abrazos, sentidos discursos y lágrimas en los ojos.

Trump, sin embargo, atacó sin piedad a Khizr Khan y su esposa, dolientes padres del capitán Humayun Khan, que en Irak se interpuso entre un coche bomba y sus compañeros para salvarles la vida. El matrimonio habló en la Convención del Partido Demócrata de Filadelfia para defender el papel de los musulmanes en el Ejército y soportó con dignidad los ataques que les dirigió Trump en venganza. Ayer volvió a hablar para criticar «el egoísmo» de un presidente «que divide», que «una vez más degrada la dignidad de la presidencia».

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