Trump chantajea al mundo con Irán

El presidente estadounidense Donald Trump, ayer, durante un discurso que pronunció en Washington. :: reuters/
El presidente estadounidense Donald Trump, ayer, durante un discurso que pronunció en Washington. :: reuters

Amenaza con cancelar el acuerdo nuclear firmado con Teherán si no se renegocia

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Lo había advertido. «Esto es la calma que precede a la tempestad», auguró Donald Trump la semana pasada, en una sala repleta de militares. No barruntaba un ataque a Corea del Norte, como se temió, sino a todo lo demás. Esta semana ha sacado a EEUU de la Unesco, ha amenazado al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, con cancelar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), ha desmantelado la reforma sanitaria de Obama, ha amenazado con dejar a Puerto Rico en la estacada, y ha rematado la semana con la 'descertificación' de Irán.

Todo el mundo concuerda en que el país asiático cumple con los términos pactados en el acuerdo nuclear de 2015 con la administración de Barack Obama y varias otras potencias internacionales, que Trump considera «uno de los peores» de la historia, pero esa no es la cuestión.

En todos los casos el golpe sobre la mesa es, en realidad, una invitación forzosa a negociar al estilo Trump. Educado en 'el arte del trato' entre mafiosos de casinos y magnates inmobiliarios, el presidente aplica a sus aliados internacionales las técnicas de matón que ha utilizado en sus negocios. Se trata de asestar un hachazo casi mortal a la otra parte y dejar un resquicio de esperanza para que acepte negociar en sus propios términos. Una demostración de fuerza en forma de chantaje para salvar la vida a quien acaba de apuñalar.

En lugar de generar confianza con la otra parte, Trump prefiere asustarla para negociar desde una posición de fuerza. A Canadá, país que ha aceptado renegociar los términos del Tratado de Libre Comercio que EE UU ya ha violado al imponer un impuesto a su madera, le advirtió el miércoles que «es posible que no lleguemos a un acuerdo», en cuyo caso «se acabará (el Nafta) y me parecerá bien», le intimidó. «Pero puede que no sea necesario», concedió también.

El modelo se repite en todas las áreas. Tras eliminar los subsidios de la reforma sanitaria y autorizar pólizas basura que lo harán inviable, Trump tuiteó que «Obamacare está implosionando. ¡Los demócratas deben llamarme para arreglarlo!».

En el caso de Irán el mensaje no era sólo para el país persa al que llamó corrupto y acusó de fomentar hasta el terrorismo de Al-Qaida. Todas las partes que ayudaron a negociar el acuerdo nuclear y se niegan a reabrir el proceso están en la diana. «En el caso de que no alcancemos un solución trabajando con el Congreso y nuestros aliados, puedo cancelar nuestra participación en cualquier momento, como presidente que soy», les advirtió Trump.

Esa potestad absoluta que se atribuye es relativa. El llamado Plan de Acción Conjunta Exhaustivo (JCPOA, por sus siglas en inglés) logró que Irán renunciara al 98% de su uranio enriquecido y a dos tercios de sus plantas centrífugas gracias a la presión que ejercieron las sanciones impuestas por las principales potencias del mundo. Los países de la Unión Europea, Rusia y China tuvieron que forzar a sus empresas a perder dinero durante años para acorralar a Irán. EE UU no perdió nada, porque nunca ha permitido tratos comerciales con el Gobierno de los ayatolás. Ninguno de estos países está dispuesto a cooperar con Trump en la imposición de nuevas sanciones para apretar más las tuercas a Irán, como quiere el presidente estadounidense.

Control de daños

Al no certificar el cumplimiento de los acuerdos el Congreso de Estados Unidos tiene ahora 60 días para imponer sanciones, pero tampoco hay apetito. En privado, los generales del presidente Donald Trump, que han conseguido que acepte esta posición intermedia, piden a los legisladores que no lo hagan.

El propio general James Mattis, jefe del Pentágono, declaró bajo juramente ante el Senado la semana pasada que el acuerdo es «en interés de la seguridad nacional». Lo que el presidente quiere es renegociarlo para incluir otros aspectos de las actividades de Irán en la región que no se ciñen a la cuestión nuclear.

Los principales asesores del presidente intentaban ayer controlar el daño al insistir en que nadie ha cancelado aún el acuerdo. Sólo, añadieron, se ha ampliado su alcance al autorizarse al Tesoro a que imponga sanciones a miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica, que Trump considera «una milicia personal corrupta» de los líderes supremos. Rouhani defendió su honor y, pese la evidente indignación, sostuvo que Irán seguirá cumpliendo con su parte del trato.

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