Trump, cada vez más aislado por los suyos

Manifestantes protestan en Miami contra las políticas migratorias del Gobierno de T rump. :: Giorgio Viera/ efe
Manifestantes protestan en Miami contra las políticas migratorias del Gobierno de T rump. :: Giorgio Viera/ efe

Aumenta la incertidumbre sobre la capacidad del presidente para cumplir su programa

CAROLINE CONEJERO NUEVA YORK.

Tras la desbandada general a raíz de sus declaraciones de simpatía hacia los supremacistas de Charlottesville (Virginia), el apoyo al presidente Trump parece desaparecer por momentos. Los líderes republicanos, el Ejército, la industria, políticos e intelectuales y gran parte del mundo occidental han desertado ya de un presidente cada vez más beligerante y obstinado en tener razón a toda costa. Si muchos de sus aliados domésticos e internacionales ya veían una creciente alarma en la peligrosa escalada de las tensiones con Corea del Norte y Venezuela, la nefasta gestión de los acontecimientos en Charlottesville, en los que una manifestante de izquierda, Heather Heyer, murió atropellada por un exaltado supremacista blanco el sábado pasado, ha abierto un abismo que será difícil de superar de cara al futuro en negociaciones como el tratado de libre comercio NAFTA o la revisión de la relación comercial con China.

Solo en los últimos meses el presidente ha conseguido alienar a todos los altos representantes del Partido Republicano en el Congreso, enzarzado en contiendas personales que hacen cada día más difícil para muchos en la filas conservadoras sostener el delicado baile de las lealtades políticas. Su última reyerta con el todopoderoso líder de la mayoría del Senado, el veterano Mitch McConnell, a causa del fracaso para liquidar el plan sanitario ObamaCare, pone en juego numerosas elecciones republicanas en curso con el objetivo de conquistar escaños clave en el Congreso el próximo otoño.

La enorme sensación de incertidumbre que se cierne sobre la capacidad de gestión de Trump hace peligrar también su agenda legislativa -con promesas como la de una reforma fiscal-, y pone en riesgo de suspensión los pagos del déficit presupuestario del Gobierno. Una desconfianza que aumenta ante la visible incapacidad del presidente para comprender sus propias dificultades en las varias investigaciones sobre la implicación de Rusia en la campaña electoral o incluso para diferenciar los negocios públicos de los privados, en cuya práctica Trump cuenta con un historial de nada menos que seis suspensiones de pagos o carta blanca de bancarrota.

Y aunque el repudio republicano incluye a prominentes figuras como los dos presidentes Bush y a un tercer Bush, Jeff, muchos otros miembros del partido como el senador Ted Cruz y el propio vicepresidente Mike Pence mantienen su lealtad a Trump en parte por interés y en parte para no atraer la ira del mandatario. El último sondeo nacional revela que la mayoría de los estadounidenses desaprueba las declaraciones del presidente y cerca de dos tercios, en ambos lados del espectro político, califica de terrorismo doméstico los actos violentos de Charlottesville.

Los grandes de la tecnología como Google, Facebook, GoDaddy, Reddit y Apple, cuyo CEO Tim Cook ha donado 2 millones de dólares (1,7 millones de euros) a organizaciones antirracistas, se han movilizado para eliminar toda traza digital de propaganda supremacista en las redes.

También evitaron las usuales redes sociales los convocantes de la vigilia nocturna que se llevó a cabo en el campus de la Universidad de Virginia en Charlottesville, que concentró de forma pacífica a cientos de personas para rendir homenaje a la activista Heather Heyer. La concentración tuvo lugar horas después del funeral en el que su madre pidió continuar con su legado. La familia Heyer aún no ha recibido las condolencias del presidente Trump.

Monumentos confederados

Al tiempo que muchos Estados toman medidas para retirar monumentos confederados y prohibir manifestaciones de ultranacionalistas blancos, un obstinado Trump continua echando más leña al fuego con su incondicional defensa en Twitter de dichos monumentos. Que en su mayoría fueron erigidos mucho después de la Guerra Civil, entre 1895 y la Primera Guerra Mundial, con objeto de afianzar la brutal segregación que establecían las leyes de Jim Crow y exaltar la supremacía blanca.

A pesar de todo, en la base de los votantes de Trump mantiene una incondicionalidad a prueba de decibelios y de vulgaridad, que prioriza el pragmatismo ante los discursos morales y la división social. Muchos de sus seguidores miembros de las minorías llegan incluso a culpar al presidente Obama de la división social y de haber introducido las políticas de identidad en el discurso político nacional. Una base electoral devota que Trump, solo contra el mundo, continúa alimentando y con la que espera contar si llega el momento, un momento que para muchos es ya inexorable.

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