El terrorista del metro de Nueva York buscaba vengar a los palestinos

Akayed Ullah, un musulmán llegado hace siete años a EE UU, detonó un artefacto casero «de baja calidad», y solo él resultó herido

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

A los estadounidenses les gusta pensar que los malos les atacan por ser «un faro de la democracia en el mundo», dijo ayer el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, pero la realidad puede ser muy distinta. El atentado que sembró el caos ayer podría ser la primera consecuencia directa que sufre EE UU reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Según fuentes de CNN, Akayed Ullah, un inmigrante musulmán de 27 años nacido en Bangladesh, buscaba vengarse por esto y por las acciones de Israel en Gaza.

Así se lo habría dicho a la Policía, tras ser trasladado en ambulancia al hospital Bellevue. El joven fue el único herido serio de su propia fechoría. La Policía describió la bomba que llevaba atada al cuerpo como «de baja tecnología». Un artefacto casero con tuberías rellenas de explosivos que se enganchó con velcro y cintas de plástico. Algunas fuentes creen que le explotó parcialmente antes de tiempo, lo que le dejó quemaduras en las manos y el abdomen.

En el vídeo que grabaron las cámaras de seguridad se le ve caminando entre la multitud de pasajeros por el corredor que une la terminal de autobuses de Port Authority con la estación de metro de Times Square. Fue el único que cayó al suelo tras la explosión que llenó de humo el pasillo. El estómago quedó ennegrecido y el resto del artefacto a la vista. Otras tres personas buscaron atención médica por su propio pie.

Algunos se quejaron de rasguños, otros de un zumbido en los oídos. Y los más, de estar «indignados», como contó al 'New York Post' el hermano de una de las tres víctimas oficiales. Según él, Verónica Chávez, de 45 años, caminaba «a solo unos pasos» del presunto terrorista con su otro hermano, Juan, cuando la explosión la empujó. Ambos fueron traslados al hospital Monte Sinaí, donde les efectuaron todo tipo de pruebas. «Está muy enojada», dijo.

3.000 agentes desplegados

La mayoría de los ciudadanos corrió escaleras arriba al ver el humo y escuchar la explosión, pero hubo también quien, entregado a la música de sus auriculares, ignoró las señales de humo y la vibración en el pecho. Durante las siguientes horas la docena de líneas de metro que confluyen en este núcleo de la ciudad se saltaron la parada de Times Square, dejando a los neoyorquinos a medio camino del trabajo en este primer lunes después de la nevada. Unos 3.000 policías y guardias nacionales tomaron sus puestos en los vagones en un impresionante despliegue de seguridad.

El sábado, mientras caía la nieve, los vecinos de Akayed Ullah le oyeron discutir airadamente por teléfono con alguien en otro idioma. Kisslyn Joseph, que vive debajo en un edificio de Brooklyn, dijo al 'Daily News' que le oyó caminar nervioso como animal enjaulado a las tres de la madrugada. «Era extraño, por el tono de voz sé que estaba irritado». A las 7:20 horas caminaba por el pasillo de entre Port Authority y Times Square, con las manos en los bolsillos y la capucha puesta. Según los documentos migratorios, el joven llegó a EE UU reclamado por un familiar hace siete años, poco antes de cumplir los 21. La Policía interrogaba ayer a sus padres y hermano en Brooklyn, con la idea preliminar de que aunque le hubiese inspirado la propaganda del Estado Islámico no tuvo contacto con el grupo. Dos años después se sacó una licencia para conducir taxis, que ya tiene caducada. Nadie le recordaba ayer como un vecino especialmente amable.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos