Temor por la amenaza de infecciones y enfermedades

C. CONEJERO NUEVA YORK.

Una semana después de descender 'Harvey' sobre Texas como huracán de categoría 4, el sol salía de nuevo solo para reconocer la estela de su devastación. A medida que el agua clareaba en Houston y el calor agravaba el hedor del ambiente, los equipos de rescate aún buscaban residentes atrapados y cuerpos entre las ruinas de la ciudad convertida en una isla.

El Departamento de Salud ha conminado a los residentes a tomar precauciones para minimizar el riesgo de contaminación y de infecciones como el cólera y tifus, y a descartar cualquier alimento que haya estado en contacto con las aguas. Los numerosos equipos de rescate, muchos procedentes de otros Estados del país, se enfocan ahora en transportar suministros para los atrapados.

La tormenta más devastadora de los últimos 50 años ha dejado por ahora un saldo de 45 muertos en Texas, la mayoría en la región de Houston, y 32.000 desplazados. En la zona de Port Arthur, anegada casi por completo, la ausencia de lluvia apenas había mitigado la inestable situación de los extensos complejos de refinería petrolera y de gas natural, dañados por el agua. Los fuegos y explosiones del jueves en la planta química de peróxidos en Crosby, que perdió refrigeración debido a la tormenta, han creado la alarma sobre el estado de otro ocho tanques, somentidos a vigilancia.

El Departamento de Seguridad pública de Texas ha registrado como dañadas 48.700 viviendas, incluyendo 17.000 con daños graves y 1.000 completamente destruidas. Se espera que entre Texas y Luisiana sean 100.000 las viviendas con diversos grados de destrucción.

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