Sueño roto en el asfalto de Nueva York

Los amigos argentinos se fotografiaron en el aeropuerto de Rosario antes de viajar a Nueva York para reunirse con el resto del grupo. :: efe/
Los amigos argentinos se fotografiaron en el aeropuerto de Rosario antes de viajar a Nueva York para reunirse con el resto del grupo. :: efe

Cinco de los fallecidos formaban parte de un grupo de amigos argentinos que celebraban los 30 años de su graduación

MARCELA VALENTE BUENOS AIRES.

Lo habían planeado todo para que fuera un viaje inolvidable. Con la excusa de que cumplían 30 años de su graduación en la enseñanza secundaria en Rosario -una de las ciudades más pobladas de Argentina- ocho amigos, ya rozando los 50, viajaron el sábado 28 de octubre a Nueva York para reunirse con otros dos excompañeros de la adolescencia que vivían en Boston uno y en Manhattan el otro.

Pero el anhelo por reunirse se truncó el pasado martes de la peor manera, cuando el conductor de una furgoneta pisó el acelerador a fondo en un carril bici de la zona sudoeste de Manhattan y atropelló al grupo de diez veteranos que pedaleaba feliz por el sendero, en el primer día que pasaban todos juntos. «Iban en grupos de a dos, charlando», contó desde Rosario Cecilia Piedrabuena, esposa de uno de los supervivientes, Ariel Benvenuto.

«Era la primera vez que hacían un viaje juntos al exterior», relató la mujer. La euforia por un proyecto que se concretaba tras mucho tiempo quedó registrada en una fotografía que se tomaron en el aeropuerto de Rosario, antes de subir al avión. Los amigos lucen camisetas blancas con la palabra 'Libre' inscrita en letras grandes. Están abrazados y sonríen.

El martes Benvenuto sorprendió a su esposa con una llamada desde una línea de teléfono desconocida. «Estoy bien, no os preocupéis, pero hubo un atentado y la situación es muy grave». Le confirmó también que otros dos amigos estaban bien como él, y la volvió a llamar horas después para darle la dramática noticia que puso un final abrupto a la aventura. Según le contó Benvenuto a su mujer, la camioneta los embistió desde atrás a unos 150 kilómetros por hora. Él incluso escuchó la acelerada violenta previa al ataque. «Les pasó por encima a sus cinco amigos», contó Cecilia. «Estuvo a 20 centímetros de arrollarlo a él también. Quedaron todos sus amigos tirados, desparramados, desgarrados. No supo qué hacer», dijo.

Del total de ocho víctimas fatales que se registraron en el atentado, cinco pertenecían a este grupo de graduados tardíos del Instituto Politécnico de Rosario, una escuela pública fundada hace más de un siglo que tiene prestigio por ser muy exigente con sus alumnos y está ubicada en esa ciudad de la provincia de Santa Fe, a unos 350 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.

«No logro entenderlo, no me entra en la cabeza», repetía ayer uno de los compañeros que debió quedarse en Rosario, Jorge Nid, actual director de Deportes de la ciudad. Nid había ido ayer al instituto para encontrar consuelo entre docentes y directivos.

Benefactor y víctima

El mentor de la idea de viajar juntos a visitar a los expatriados fue Ariel Erlij, un empresario siderúrgico de muy buena situación económica que ofreció financiar la excursión de los que no pudieran pagarla. Erlij tenía tres hijos varones, y se fotografiaron junto al padre en el aeropuerto. Los tres niños lucían la casaca a rayas de Rosario Central, el equipo de fútbol favorito de la familia.

Erlij sobrevivió con heridas muy graves al impacto del vehículo y fue trasladado de urgencia al Presbiterian Hospital, pero llegó ya sin vida. Martín Marro, biólogo y uno de los anfitriones del grupo, también resultó herido, pero salvó su vida. Los médicos informaron ayer al cónsul argentino Mateo Estremé que se encontraba en situación «estable», lo que les permitía ser optimistas. Marro reside en Boston con su esposa y dos hijos y es jefe de proyectos en el Instituto de Investigación Biomédica del laboratorio Novartis.

Los otros fallecidos son Hernán Mendoza, Diego Angelini, Alejandro Pagnucco y Hernán Ferruchi, los cuatro arquitectos y licenciados en la Universidad Nacional de Rosario, de la que depende el Politécnico. Además de Benvenuto, tres miembros del grupo resultaron ilesos. Son Guillermo Banchini, el otro residente en Estados Unidos, que también es arquitecto; y dos amigos más que viajaron desde Argentina: Juan Pablo Trevisan, técnico mecánico y supervisor en empresas de mantenimiento, e Iván Brajkovic, director de una firma de construcción con participación en obras públicas en Santa Fe.

La alcaldesa de Rosario, Mónica Fein, decretó tres días de duelo en la ciudad con las banderas a media asta. «Parece imposible que vecinos rosarinos hayan vivido esta terrible acción de una persona desquiciada», declaró la intendenta. Otro graduado del Instituto, el gobernador de Santa Fe, Miguel Lif schitz, dispuso que haya dos días de duelo en toda la provincia.

El presidente Mauricio Macri se manifestó «profundamente conmovido» por el ataque que la Cancillería argentina no dudó el mismo día en describir como «un dramático atentado terrorista». Ayer, el mandatario volvió a referirse a la tragedia. «No hay lugar para zonas grises» dijo, y exhortó a «comprometerse de pies a cabeza» en la lucha contra el terrorismo internacional.

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