El sistema falló a las víctimas de Texas

M. GALLEGO

NUEVA YORK. A los 26 años Devin Kelley ya tenía sobre sus espaldas un probado historial de crueldad que debería haberle impedido comprar el rifle automático con el que el domingo mató a 26 feligreses de una iglesia de Texas. En su condado le denunciaron por violación, en Colorado por maltratar animales y en las Fuerzas Aéreas le metieron un año de cárcel por pegarle a su esposa y romperle la cabeza al hijo de esta, después de escapar de un hospital psiquiátrico. Solo que las Fuerzas Aéreas nunca avisaron al FBI de esa condena.

Sobre sus espaldas pesan ahora la vida de tantos niños de Sutherland Springs. Las Fuerzas Aéreas reconocen que fallaron en el protocolo de introducir sus datos en la base nacional que consultan los vendedores de armas. Una portavoz aseguró que el cuerpo está llevando a cabo una investigación interna para depurar responsabilidades y tomar medidas para evitar que se repita. Como gesto de transparencia hizo público el lunes los documentos del juicio marcial al que se sometió a Kelley en 2014. Allí se probó que durante dos años había golpeado a su mujer y al pequeño con tanta fuerza que en una ocasión le rompió la cabeza al niño y se temió por su vida.

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