Reformadores sanitarios con póliza 'Cadillac'

'No nos quiten la atención', reza un cartel en una protesta contra los cambios en la ley sanitaria. :: joshua roberts / reuters
'No nos quiten la atención', reza un cartel en una protesta contra los cambios en la ley sanitaria. :: joshua roberts / reuters

Los senadores a los que Trump urge a desmantelar la ley de Obama y dejar a millones de personas sin seguro gozan de amplias coberturas

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

«Temo que va a morir», sentenció el senador John McCain en una de sus últimas declaraciones públicas antes de que le operaran hace unos días de un tumor cerebral. El augurio no era sobre su salud, pero bien podía referirse a la de millones de estadounidenses. Lo que veía agonizar antes de nacer era la Ley de Reconciliación de Mejor Atención Sanitaria (BCRA) con la que su partido intenta reemplazar la reforma de Barack Obama, bautizada como Ley de Asistencia Sanitaria Asequible (ACA) y como Obamacare por sus opositores.

El senador se operó de urgencia en la Clínica Mayo de Phoenix (Arizona), que presume de ser una de las mejores del país, con médicos «mundialmente reconocidos». La craneotomía costó a las arcas públicas al menos 76.119 dólares (65.276 euros), el último precio conocido que tiene pactado el hospital con el seguro público de Medicare para mayores de 65 años, si es el que utilizó. A un ciudadano sin póliza se le habrían aplicado tarifas sustancialmente más altas, pero al octogenario senador no le faltan opciones.

Además de estimársele una fortuna de 18 millones de euros, como veterano de guerra tiene acceso a todos los hospitales del Departamento de Veteranos. Como mayor de 65 años, al mencionado seguro público de Medicare. Como funcionario del Estado, a uno de los 56 planes de la bolsa de seguros creada por Obamacare, del que el Gobierno paga el 73%. Y como senador, puede utilizar los servicios médicos de la clínica del Capitolio y de los mejores hospitales militares de Washington D.C.

Tan buenos son que el ahora líder del Senado Mitch McConnell, artífice de la legislación que dejará sin seguro médico a entre 22 y 32 millones de estadounidenses, se hizo un baipás en el Centro Médico Naval de Bethesda. La congresista Debbie Wasserman, secretaria general del Partido Demócrata hasta el año pasado, eligió este mismo centro y el prestigioso Walter Reed para tratarse un cáncer de pecho.

Según una encuesta de Kaiser, en 2008 la cuota media de los seguros que contrataban los empleados federales era de 4.618 euros por individuo y 10.500 por familia, pero de esto hace ya casi una década en la que las subidas galopantes alcanzaron hasta 200% anuales, según el Estado del que se trate. A esos planes «inusualmente caros» se los llama informalmente 'Cadillac', porque proporcionan mejor cobertura, menores franquicias y copagos más bajos que otros seguros aparentemente más asequibles, hasta que hace falta usarlos.

Como el «coágulo» que los médicos extrajeron a McCain resultó ser un cáncer con el peor apellido posible, el senador de Arizona tendrá que estudiar sus opciones médicas, probablemente sin preguntar el precio. Estadísticamente sólo el 4% de los diagnosticados con glioblastoma viven más de 16 meses, pero según un estudio de la revista médica 'Cáncer', los que no tienen seguro o tienen cobertura de beneficencia viven menos, sin importar su edad o sexo. Trasladado al cáncer testicular, que es menos fatídico, los pacientes sin seguro tienen un 88% más de posibilidades de morir que los que tienen un seguro privado, e incluso los que están en Medicaid tienen un 58% más de opciones de fallecer. Al final, el glioblastoma es tan mortífero que los iguala a todos, pero sólo al final. Otro 'león del Senado', Ted Kennedy, eligió como McCain dar la batalla con quimioterapia, pero ni todo el dinero del clan pudo salvarle. Murió 15 meses después a los 77 años.

Depender del seguro

McCain ha cumplido los 80. En 2010, a uno de los votantes de su distrito electoral se le detectó el mismo tipo de cáncer asesino, sólo que a los 25 años Kevin 'Wash' Pratt-King no había tenido tiempo de ahorrar y encima acababa de perder su trabajo en una firma de arquitectos por los recortes de la crisis. Su esposa Tashi, de 23 años, con la que se había casado meses antes, tuvo que reducir su jornada en una inmobiliaria para poder cuidarle. Su vida, literalmente, dependía del seguro público de Medicaid para los más pobres que en Arizona se llama Health Care Cost Containment System.

La ley que aún tratará de votar el Senado la semana que comienza recorta 662.000 millones de euros al presupuesto de Medicaid, lo que según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) obligará a eliminar del programa a 14 millones de personas. Arizona -y otros 29 estados que aceptaron la expansión de Medicaid propuesta por la ley de Obama- será uno de los territorios que más lo sufrirá. Aun así McCain se proponía votar a favor de la reforma que sólo en su Estado recortará 6.088 millones para 2026. Su plan se limitaba a introducir una enmienda para alargar ese plazo. Al menos así era hasta que la craneotomía lo dejó fuera de circulación.

La esposa de Pratt-King asegura que las dos primeras operaciones sumaron «seis cifras», sin contar los gastos hospitalarios. Y perdieron el Medicaid el día que sus ingresos pasaron 4,25 dólares (3,60 euros) del límite establecido. O sea, que entre el paro de Kevin y las horas que Tashi echaba en la inmobiliaria la pareja había ganado aquel mes 612,25 dólares (525 euros) cuando el máximo permitido era de 608 (521). Sin seguro, sólo sus gastos de medicamentos eran de 8.227 dólares (7.055 euros) al mes. Cerca de 300 dólares (257 euros) diarios sólo en pastillas.

Tashi explicó su situación por escrito al seguro, a la gobernadora del Estado y a los dos senadores que lo representan, incluido McCain. Según ella, su oficina le contestó sugiriéndole que se mudara a otro Territorio de la Unión con límites más altos para definir la pobreza o incluso a Canadá.

«A nadie le importaba»

Kevin murió dos años después, a los 28, dejando a Tashi viuda, en bancarrota, sin dinero para pagar el funeral y con una larga lista de facturas pendientes. Esta semana volvió a las redes sociales, no para alegrarse de la desgracia ajena, sino para recordar que «John McCain nunca tendrá que preocuparse de cómo pagar por la medicación para paliar las náuseas durante la quimioterapia». Frente al «gran luchador» que ensalzan estos días cuatro presidentes al referirse a la batalla que dará el senador, su marido «no sólo tuvo que luchar contra el cáncer sino también para poner gasolina en el coche en que lo llevaba al hospital y comida en la mesa». Lo más difícil fue «explicarle que a nadie le importaba, aunque fuera tan joven», escribió Tashi en su blog 'Learning to Hope' (Aprendiendo a tener esperanza). «Murió en unas condiciones horrendas. La vida es realmente injusta».

Tanto, que esta semana es ella la que se ha visto linchada en la hoguera pública por no haber sido capaz de encontrar, entre las muchas cajas de su última mudanza, la carta que atribuye a la oficina de McCain. Varias personas la leyeron en su momento. Ella misma lo contó en su blog en 2010, el mismo año en el que el diario 'Phoenix New Times' se hizo eco de su drama. McCain ha tenido más fortuna. El cáncer se lo detectaron en uno de los chequeos rutinarios que ahora cubren gratuitamente los seguros gracias a la ACA, la ley de Obama, que entró en vigor en 2014.

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