Polémica en EE UU por la presencia de militares en África

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL N UEVA YORK.

La muerte del sargento La David Johnson en África tenía que haber sido una tragedia para su familia -a los 25 años dejaba a su mujer embarazada de seis meses con dos hijos de la mano-, pero acabó siéndolo también para el Pentágono. Y hasta para el Gobierno francés. «¿Cuántos de vosotros sabíais que teníamos cerca de mil soldados en Níger?», preguntó desde el podium del hemiciclo el senador John McCain, presidente del Comité de Servicios Armados. «Porque yo no». Lo normal es que el beso de Myeshia Johnson al ataúd de su marido sólo se hubiera grabado en la memoria de su hija de 6 años. Resultó que por el camino había recibido una llamada del presidente, que todos los pasajeros del coche escucharon por el altavoz de su móvil. Entre ellos estaba la congresista Frederica Wilson, amiga de la familia, que no tardó en denunciar al patoso mandatario por haber recordado a la viuda que su marido «sabía en lo que se metía». Trump lo negó y contraatacó rabioso con su arma preferida, Twitter. A partir de ahí la beligerancia del mandatario y las mentiras de su equipo contra la congresista han mantenido en primer plano la muerte de cuatro miembros de las fuerzas especiales, tres semanas atrás, que el Pentágono hubiera preferido silenciar.

«Los americanos deben saber qué está pasando y en qué tipo de operaciones estamos metidos», arengó McCain en un popular programa de la cadena ABC. El general Joe Dunford, jefe del Estado Mayor, no pudo por menos que concurrir y desnudar la «estrategia global» en una resignada conferencia de prensa. «Desde 2011, las tropas francesas y estadounidenses hemos entrenado a una fuerza de 5.000 personas y a más de 35.000 soldados de la región en la lucha antiterrorista», contó. Esa es la fecha en la que el Gobierno de Obama, azuzado por el francés, accedió a lo que el expresidente considera el peor error de su mandato: intervenir en Libia para forzar la caída de Muamar Gadafi. La excusa fue evitar un genocidio como Ruanda que pesara sobre su conciencia, pero el abogado de justicia racial Mark Fancher asegura que los 'e-mails' hechos públicos de Hillary Clinton revelan intereses muy distintos.

Fotos

Vídeos