El odio obliga a declarar el estado de emergencia en Virginia

Los equipos de socorro atienden a los manifestantes heridos al ser embestidos por un coche en Charlottesville :: Joshua Roberts / Reuters/
Los equipos de socorro atienden a los manifestantes heridos al ser embestidos por un coche en Charlottesville :: Joshua Roberts / Reuters

Al menos un muerto y una treintena de heridos en los choques entre grupos racistas y contramanifestantes de izquierda

COLPISA / AFP

Charlottesville. Al menos una persona resulto muerta y otra treintena heridas en el transcurso de una polémica manifestación organizada ayer por grupúsculos de la extrema derecha estadounidense en Virginia. Las víctimas fueron arrolladas por un automóvil, que embistiera a los asistentes a la contramanifestación antirracistas. Este incidente tuvo lugar poco después de que se prohibiera la marcha extremista, que estuvo salpicada de violentos enfrentamientos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue tajante tras los incidentes. «Condeno en los términos más firmes posibles esta exhibición atroz de odio, fanatismo y violencia procedente de varios lados», dijo el mandatario desde Bedminster, Nueva Jersey, donde está de vacaciones. «El odio y la división deben detenerse ahora», agregó. «Tenemos que unirnos como estadounidenses con amor a nuestra nación».

Sus declaraciones se produjeron minutos después de que el alcalde de Charlottesville (Virginia), Mike Signer, confirmara la muerte de un manifestante. «Tengo el corazón destrozado por que se haya perdido una vida aquí», escribió en Twitter.

Las violentas refriegas se registraron entre militantes antirracistas y grupúsculos de la extrema derecha reunidos en esta localidad, lo que obligó al gobernador de Virginia a declarar el estado de emergencia y a la Policía a prohibir la manifestación. En medio de nubes de gas lacrimógeno, los enfrentamientos a golpes entre manifestantes de la derecha radical y contramanifestantes se multiplicaban aún antes de comenzar la movilización, con riñas, arrojándose piedras y botellas e intercambiando golpes con palos.

El clima sumaba tensión porque los manifestantes ultras portaban armas a la vista, algo que está permitido por la ley en Virginia. Algunos manifestantes, que apoyan la supremacía de la raza blanca, llegaron enarbolando banderas confederadas, un símbolo considerado racista por buena parte de los ciudadanos estadounidenses.

El momento más dramático de la jornada ocurrió poco después cuando el automóvil embistió a la multitud. En un video publicado en las redes sociales, se ve cómo un coche oscuro golpea violentamente a otro vehículo por detrás y luego retrocede velozmente en medio de los manifestantes. Otras imágenes muestran a varios heridos en el suelo.

El origen de las protesta de los grupos de la derecha radical, entre los que figuraba el Ku Klux Klan y neonazis, era oponerse en forma unitaria al proyecto de Charlottesville de retirar de un espacio municipal la estatua del general confederado Robert E. Lee, quien luchó a favor de la esclavitud durante la Guerra Civil estadounidense.

Llamamiento presidencial

Horas antes de las protestas, el propio Trump se había dirigido a los organizadores a través de Twitter, llamando a la unidad. «Todos debemos estar unidos y condenar todo lo que el odio representa», escribió. «No hay lugar para este tipo de violencia en Estados Unidos. ¡Vayamos juntos como uno!» También la primera dama, Melania Trump, condenó el sectarismo. «Nada bueno sale de la violencia», tuiteó desde su cuenta.

Ante la situación de violencia en la ciudad, el gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, declaró el estado de emergencia, una medida que le permite movilizar una mayor cantidad de medios policiales. McAuliffe había exhortado el viernes a los habitantes de la ciudad a que no asistieran a la manifestación ultra.

«Las numerosas personas esperadas (el sábado) en Charlottesville quieren expresar ideas consideradas por mucha gente, incluido yo mismo, como abyectas. Mientras lo hagan pacíficamente, están en su derecho», señaló el gobernador, quien había ordenado a las fuerzas del orden «actuar rápidamente y de forma decisiva» en caso de que hubiera actos de violencia.

«Este evento podría ser una vitrina histórica de odio, reuniendo en un solo lugar un número de extremistas inédito desde hace al menos una década», advirtió Oren Segal, director del Centro sobre extremismo de la Liga Antidifamación, una asociación que lucha contra el antisemitismo.

El 8 de julio, algunas decenas de miembros del Ku Klux Klan ya se habían reunido en este tranquilo y pintoresco pueblo, muy superados en número por los manifestantes antirracistas. Pero las imágenes de estos extremistas con su vestimenta tradicional fueron difundidas en todo el mundo. Esta vez, la derecha nacionalista esperaba atraer a más seguidores, gracias a la presencia de varios integrantes del movimiento Alt-Right, que apoyó a Donald Trump durante su campaña.

Los participantes, supuestamente llegados desde todo el país, tuvieron dificultades para hospedarse. La plataforma de apartamentos de alquiler Airbnb canceló un número desconocido de cuentas vinculadas a la extrema derecha, destacando sus principios de hospedaje independientemente de orígenes étnicos.

Jason Kessler, el organizador de la manifestación, había estimado en Twitter que esta medida equivalía a «un ataque contra la libertad de expresión y los derechos civiles».

Por su parte, Paul Ryan, el líder republicano en el Congreso, denunció la reunión de la extrema derecha como un «espectáculo repugnante», basado en una «intolerancia vil».

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