Las mentiras de Trump ante la nación

Trump apunta con el dedo índice de su mano derecha a los invitados que se sentaron en la zona de la galería del Congreso . :: AFP/
Trump apunta con el dedo índice de su mano derecha a los invitados que se sentaron en la zona de la galería del Congreso . :: AFP

El discurso del presidente de EE UU ante las dos cámaras del Congreso estuvo repleto de datos e información engañosos

MERCEDES GALLEGO UEVA YORK.

n El mago de las audiencias televisivas no desaprovechó la primera oportunidad de dar un discurso sobre el estado de la unión frente a las dos cámaras del Congreso. Se apegó al texto, actuó con convicción y, sobre todo, cedió buena parte de la atención a los muchos invitados que acompañaron a la primera dama en el palco, que generaron el mayor número de aplausos, pero el creador del 'fake news' no pudo controlar su tendencia a la exageración ni con el texto por escrito.

«No, Donald Trump, estos no son los mayores recortes de impuestos de la historia», se apresuraron a decir los analistas. Ajustados a la inflación son los cuartos desde 1940 o los duodécimos desde 1918, según el Committee for a Responsible Federal Budget. Tampoco es cierto que el índice de paro entre los hispanos esté al nivel más bajo de la historia, aunque se acerque. El 4.9% que se registró el mes pasado, en línea con el descenso que empezó hace ocho años, fue superado durante casi un año seguido entre 2006 y 2007.

EL DECÁLOGO

Para justificar el dato sobre la creación de 2,4 millones de puestos de trabajo desde que es presidente hay que contar desde el día de noviembre de 2016 en que ganó las elecciones, a pesar de que no tomó el cargo hasta final de enero. La economía llevaba ya 87 meses seguidos creando empleo a un ritmo récord. El 4,1% actual es el más bajo de los últimos 17 años. Con todo, el ritmo al que creció el empleo el año pasado es más bajo que el del año anterior.

Lo que no han repuntado, por mucho que lo diga, son los salarios. Trump aseguró que «tras años de estancamiento, finalmente estamos viendo subir los sueldos», situando la subida en el 2,6%. CNN calificó esta afirmación de falsa, ya que como mucho sería de una media del 22% desde 2010, tras el bajón de la recesión. «La falta relativa de aumento de los salarios es una de las grandes razones por las que muchos estadounidenses sienten que se han quedado fuera de la recuperación», explicó la cadena en su análisis.

Tampoco se le debe a él la recuperación de la industria automovilística, rescatada por Obama con una nacionalización sin precedentes que las marcas supieron aprovechar devolviendo los préstamos con celeridad. Desde 2009 la venta de coches aumentaron de forma consistente cada año hasta vender 17,6 millones en 2016, pero el año pasado cayeron, por primera vez desde aquel rescate.

Datos como ese eran relativamente fáciles de cotejar con las implacables estadísticas. En otros, los equipos de 'fact cheking' de los grandes medios se rascaban la cabeza. «¿Qué quiere decir con que «ahora» exportamos energía?», se preguntaba 'Los Angeles Times'. Si se refiere al petróleo, eso empezó a ocurrir bajo el Gobierno de Obama y si se refiere a que EE UU exporta más que importa, según el Departamento de Energía eso no ocurrirá hasta el 2026.Por cierto, no existe tal cosa como el «carbón limpio», aunque se le ponga delante el adjetivo de «beautiful». De hecho, es una de las formas más contaminantes que hay.

La tecnología para reducir sus efectos contaminantes llamada 'secuestro de carbono' es cara y requiere precisamente de quemar carbón. El mensaje iba dirigido a su base más fiel, la de los mineros de estados como Virginia Occidental, a los que ha prometido devolverles los puestos de trabajo que han perdido, pero desde que Trump llegó al poder la tendencia no ha cambiado.

Varias plantas de carbón han anunciado su cierre y el futuro de la industria es igual de negro que era. Tampoco era justo atribuir a los programas migratorios de reunificación familiar y de la lotería diversa los dos últimos atentados terroristas de Nueva York, porque aunque ciertamente los sospechosos se acogieron a ellos, cuando lo hicieron el Estado Islámico ni siquiera existía. La investigación ha dejado claro que se radicalizaron mucho después de llegar, dentro de EE UU, pero Trump defendió que es necesario acabar con esos programas para garantizar no solo la buena marcha de la economía, sino la seguridad nacional.

Todo el mundo compartió pesaroso el duelo de los dos matrimonios que han perdido a sus hijas a manos de las bandas de pandilleros M-13. Las estadísticas, una vez más, indican que apenas 10.000 jóvenes se asocian a ella y eso no quiere decir necesariamente que su situación migratoria sea irregular. Frente a ellos, la mayoría de los once millones de inmigrantes indocumentados se esfuerza para no cruzarse con la ley.

Entre las «docenas de países» que condenaron su decisión de reconocer a la Ciudad Santa como capital israelí los hay que reciben ayuda económica de EE UU, recordó. Trump pidió al Congreso que les sean revocadas.

Su propósito de «reexaminar la política de arresto militar» y «mantener las instalaciones de detención en Guantánamo» se habían materializado antes de subir al escenario por una orden que dejó firmada al secretario de Defensa.

En el discurso dijo que tiene que «modernizarlo y reconstruirlo». La idea de un mundo desnuclearizado es hoy, según sostuvo, una entelequia. Su intención es dotarse de un arsenal «tan fuerte y poderoso que disuada cualquier agresión».

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