Kim y la guerra de Gila

Los expertos y los países vecinos reducen el riesgo bélico pese al creciente intercambio de amenazas por parte de Washington o Pyonyang

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

«¿Está el enemigo? Que se ponga. Oiga, nada, que solo quería avisarles de que estoy preparando un plan para atacarles con cuatro misiles y quería enviarles la trayectoria que seguirán». Hay ocasiones en las que Gila podría ser el analista internacional más adecuado. Sobre todo cuando la escena está protagonizada por Corea del Norte y Estados Unidos. Porque el anterior monólogo ficticio es, más o menos, como se puede traducir la información que ayer publicó la agencia oficial norcoreana KCNA para dar detallada cuenta del plan que trama su presidente, Kim Jong-un, para atacar territorio estadounidense.

En concreto, el Ejército norcoreano ultima los detalles para lanzar cuatro misiles contra la isla de Guam, el territorio americano más cercano a la península coreana. Siempre según la información oficial, «los proyectiles Hwasong-12 cruzarán el cielo sobre las prefecturas japonesas de Shimami, Hiroshima y Koichi, y recorrerán 3.356,7 kilómetros en 1.065 segundos (17,7 minutos) para impactar a 30 o 40 kilómetros de las costas de la isla». El objetivo sería rodear el territorio -en el que está ubicada una base militar- de explosiones, pero sin impactar en tierra firme. Solo falta el visto bueno de Kim para que se apriete el botón rojo.

La amenaza norcoreana llega después de que tanto Pyongyang como Washington hayan elevado el tono de su habitual retórica belicista. El régimen comunista dijo primero -por enésima vez- que convertiría Estados Unidos en «un océano de fuego», y Donald Trump respondió por primera vez con un lenguaje similar, asegurando que Estados Unidos responderá a las provocaciones «con una furia y un fuego jamás vistos en el mundo». Ayer, el general norcoreano Kim Rak Gyom justificó el plan de ataque de su país con argumentos no faltos de ironía: «El diálogo es imposible con un tipo -Trump- completamente desprovisto de razón. Solo la fuerza absoluta funciona con él».

A pesar del choque dialéctico, el secretario de Estado americano, Rex Tillerson, reconoció el miércoles que no existe peligro inminente ni razón extra para preocuparse. Y en Seúl, la megalópolis más cercana y amenazada por el régimen norcoreano, la población no ha prestado mayor atención a la última pelea de gallos.

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