Dos directores para la misma poltrona

Leandra English, que se reclama directora legítima del cargo. /  AFP
Leandra English, que se reclama directora legítima del cargo. / AFP

Trump se salta el reglamento y pone al frente de la Oficina del Consumidor a un enemigo acérrimo de la institución

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Los 1.600 empleados de la Oficina de Protección al Consumidor que creó Obama durante la crisis económica para luchar contra las prácticas depredadoras de bancos y tarjetas de crédito se encontraron ayer con una insólita situación: dos nuevos jefes compitiendo por su amor y un sólo sillón.

A la primera, Leandra English, la nombró directora el viernes su jefe Richard Cordray, que de acuerdo con la Ley Dodd-Frank para la Reforma de Wall Street y Protección del Consumidor debía ser sustituido por su adjunta en caso de dejar vacante el puesto. Al segundo, el ex congresista Mick Mulvaney, actual director de la Oficina de Presupuestos de la Casa Blanca, lo nombró horas después Donald Trump, convencido de que tiene derecho a reinar sobre todas las agencias oficiales.

English interpuso una demanda el domingo contra el presidente y su protegido, pidiendo al juez una orden de alejamiento que les impidiese tomar el control de su agencia. Para su desgracia, el juez Timothy Kelly, asignado al caso, es uno de los dos jueces federales nombrados por Trump para Washington DC, y confirmado en el cargo apenas en septiembre pasado.

Este será su gran estreno. La pereza de volver a la oficina el lunes después del puente de Acción de Gracias se disipó con la intriga de quién se presentaría a trabajar como director en funciones de la agencia. Por la puerta apareció sonriente el hombre del presidente, con una bolsa llena de donuts. Sus ayudantes se encargaron de colgar en las redes sociales una foto suya sentado en el despacho en mangas de camisa y otra de las cajas de donuts vacías, como supuesta prueba de que el equipo directivo había aceptado trabajar con él en ese desayuno de trabajo que vino a ser el beso de la muerte.

De acuerdo con la tradición trumpiana de poner al zorro al frente del corral, Mulvaney ha sido siempre un acérrimo crítico de la agencia que gestó la senadora Elizabeth Warren, terror de Wall Street. Como congresista calificó a esta agencia de «engendro burocrático» que representa todo lo que va mal en el Gobierno. «Una broma enfermiza», aseguró de esa oficina pensada para ser independiente. «No tenemos manera de proteger a los americanos de los abusos».

English, por su parte, reclamó su título de una manera más maternal. Envió a sus empleados un email deseándoles que hayan tenido unas felices fiestas de Acción de Gracias y aprovechando la oportunidad para «expresaros mi gratitud por el servicio que dais». Firmado, «La Directora en Funciones».

Poco después, los mismos empleados recibieron otro email de Mulvaney expresando su disgusto por el correo que había mandado su contrincante y ordenándoles que ignoren cualquier directriz que reciban de English «en su presunta capacidad de directora en funciones».

A English no se la vio ayer en la oficina, pero se sabe que se reunió con Elizabeth Warren, la senadora de Massachusetts, que en su día se sintió traicionada por no haber sido nombrada para dirigir la agencia que había engendrado. Obama pensó que los republicanos nunca aprobarían la ley que la creó en 2010 si pensaban que ella estaría al frente.

La suerte de ambas está ahora en los tribunales, pero quien se sienta en la oficina del director es el hombre que ha hecho votos por destruirla. Con su habitual falta de tacto, Trump se burló ayer de Warren, que dice tener antepasados navajos, llamándola 'Pocahontas' en una ceremonia de homenaje a los nativos norteamericanos.

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