Diferencias entre 'animal' y 'trastornado'

Vecinos de la capilla en la que aconteció la matanza de 26 personas a manos de Devin Kelley se muestran desconsolados. :: rick wilking / REUTERS/
Vecinos de la capilla en la que aconteció la matanza de 26 personas a manos de Devin Kelley se muestran desconsolados. :: rick wilking / REUTERS

Trump compara con su sesgo al terrorista del carril bici y al hombre que mató a 26 feligreses, la mitad niños, en una iglesia de Texas

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

La semana pasada, cuando un inmigrante uzbeko mató a ocho ciclistas en un carril bici de Manhattan al grito de «¡Dios es grande!», Donald Trump le llamó «animal» y ordenó de inmediato acabar con el sistema de visados que le permitió obtener la residencia en EE UU hace siete años. Ayer, cuando tocó referirse al joven texano que el domingo mató a 26 feligreses en una iglesia, la mitad niños, el presidente lo consideró «una situación muy, muy triste» que «nada tiene con ver con las armas».

Se trata, dijo desde Japón, de «un problema de salud mental al más alto nivel». Un individuo «trastornado» que «ha tenido muchos problemas a lo largo de los años», entendió, sin arrepentirse de que en febrero pasado él mismo revirtió las medidas de Obama que dificultaban la venta de armas a personas con problemas mentales. «Afortunadamente había alguien con un arma disparando en dirección contraria, si no hubiera sido mucho peor», celebró el presidente. El valiente vecino que salió con un rifle a confrontar a Devin Kelley tras escuchar los disparos en la iglesia logró herirle cuando se daba a la fuga, pero no pudo impedir la carnicería que ya había cometido. «Hay gente estupenda y eventos muy, muy tristes», resumió Trump.

¿La diferencia? «Ese no era marrón», explicó Timothy Barry, un vecino del neoyorquino barrio de Tribeca que el jueves se dolía por las víctimas en una vigilia sobre el río Hudson. Cinco de ellas eran argentinas, una belga y solo dos estadounidenses. Sus nombres se borraron a una velocidad vertiginosa, pese a ser el primer ataque terrorista desde el 11-S que deja víctimas mortales en Nueva York. «Trump lo politizó inmediatamente y pasó a formar parte del zoo político que vive este país desde su elección», analizó Scott Geyer, otro vecino de Tribeca.

Trump cambió la norma que dificultaba vender armas a personas con problemas mentales

Matar a su suegra

A Sayfulló Saípov, de 29 años, lo motivaba el odio contra quienes matan a sus «hermanos» musulmanes en Irak y en Siria. A Kelley, de 26, el odio contra su exsuegra, que solía rezar en la pequeña iglesia de Sutherland Springs (Texas). Este domingo no estaba allí cuando el que fue su yerno apareció vestido de negro en ropa de combate y con chaleco antibalas, disparando por la puerta y por las ventanas antes de entrar al templo y rematar la carnicería a bocajarro.

Según las primeras informaciones, 14 de los muertos son niños, entre ellos un bebé de 18 meses, fallecido en el acto junto con su familia, un niño de 5 años al que intentaron salvar la vida en el hospital con dos operaciones y la hija del párroco. La víctima de mayor edad tenía 77 años. Como solución, el fiscal general de Texas Ken Paxton ha propuesto que haya gente armada en las iglesias «porque no siempre hay tiempo de que lleguen las fuerzas del orden».

Antes de morir, el asesino, herido de bala por un vecino durante la huida, y perseguido por este y otro conductor al que detuvo en la carretera para darle caza, aún tuvo tiempo de llamar a su padre para despedirse.

«Esto no estaba racialmente motivado ni era sobre creencias religiosas, sino por una disputa doméstica», aclaró Freeman Martin, del Departamento de Seguridad Pública de Texas. La exsuegra de Kelley ha presentado a la policía los amenazadores mensajes de texto que recibía de él, para ayudar a recomponer el siempre complejo puzle de la motivación en una masacre. El FBI aún intenta explicar la del mes pasado en Las Vegas, cuando Stephen Paddock mató desde su ventana en el hotel Mandalay Bay a 58 personas que asistían a un concierto de música country.

Si a Paddock su compañera le consideraba un caballero del que nunca hubiera esperado ningún acto de violencia, de Kelley nadie parece tener nada bueno que decir. En 2012 las Fuerzas Aéreas le expulsaron de sus filas después de encerrarle durante un año por atacar a su esposa y bebé, al que fracturó la cabeza. En 2014 sus vecinos de Colorado le denunciaron por maltratar a los animales -la emprendió a puñetazos con un cachorro de Husky siberiano al que tenía drogado y desnutrido-. Los vecinos de San Antonio se quejaban de oírle practicar el tiro y hasta explosiones.

Sin licencia para su rifle

Con un historial de violencia doméstica las leyes federales no le hubieran permitido comprar un arma, pero las texanas son más laxas. Aún así, no tenía licencia para llevar el rifle semiautomático Ruger AR-556 de grado militar que compró el año pasado en una feria de San Antonio y con el que perpetró la masacre a una hora al sur de esa ciudad. Varias chicas con las que salió tras conocerlo en la iglesia han descrito un comportamiento agresivo que se transformó en amenazas cuando rompieron la relación. Una de ellas se convirtió en su segunda esposa.

Sutherland Springs es un pueblo tan pequeño que uno de cada catorce habitantes recibió los disparos de Kelley y está muerto o herido. En La Cocina de Teresa donde Terrie Smith servía café a los periodistas desde el amanecer se celebraba a cada cliente que entraba, por saber que al menos ese seguía con vida.

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