La bravata de Trump le convierte en el hazmerreír de EE UU

Trump, a su llegada a una reunión en la Casa Blanca para tomar medidas contra los tiroteos. :: J. L. S. / efe/
Trump, a su llegada a una reunión en la Casa Blanca para tomar medidas contra los tiroteos. :: J. L. S. / efe

Después de decir que no habría dudado en enfrentarse al asesino de Parkland le recuerdan que eludió ser reclutado para Vietnam cinco veces

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

El «dime de qué presumes y te diré de qué careces» se transformó el lunes por la noche (madrugada de ayer en España) en sonoras carcajadas para los que estaban sentados ante las pantallas de televisión estadounidenses. Donald Trump, conocido por su fobia a los gérmenes, espanto confeso ante una gota de sangre y cinco veces escaqueado de acudir a Vietnam con excusas de niño rico, como una artrosis que no le impedía jugar al tenis, aseguró ante los gobernadores que de haber estado en el colegio de Parkland, «de verdad creo que yo hubiera corrido adentro incluso sin un arma».

«Vale, hay mucho ahí que realmente dudo, pero lo que de verdad no me creo es que pueda correr», se desternilló Stephen Colbert, uno de los humoristas políticos que más se ha beneficiado de la era Trump. El presidente siempre provee ante la estresante demanda de un programa diario, que el lunes dio para todos. «A mí lo que me cuesta creerme es que Trump corriese voluntariamente a un lugar educativo», se mofó Seth Meyers en la NBC.

Con 71 años Trump es el único presidente de la era moderna al que no se le conoce más hábito deportivo que jugar al golf. Su desidia ante la lectura y ausencia de curiosidad intelectual ha sobrepasado con mucho la de George W. Bush. A Trump cuesta hasta cantarle los 'briefings' (resúmenes) de inteligencia y hay que ilustrar cualquier documento con muchos gráficos, colores y preferiblemente su nombre en cada párrafo.

«Mire, señor presidente, ya sabemos todos cómo reacciona usted ante situaciones de combate. Se escaqueó cinco veces de Vietnam», zanjó Colbert. Según explicó él mismo al locutor Howard Stern, estaba demasiado ocupado eludiendo enfermedades venéreas, porque «las vaginas son potencialmente terrenos minados. Es mi Vietnam personal, me siento como un valiente soldado».

El Trump pusilánime de sus tiempos imberbes es de adulto un fanfarrón, que durante la campaña se vanagloriaba del peligro de haber estado menos de tres horas en la frontera para dar una conferencia de prensa en un hotel del aeropuerto de Laredo, la ciudad más segura de Texas. «Puede que no volváis a verme, pero vamos a ir», le había dicho dramático a sus seguidores, entre vítores y aplausos.

Trump es también el único presidente de las últimas décadas que todavía no ha visitado tropas a ultramar, dejándole la visita de Navidad a Siria e Irak a su vicepresidente, Mike Pence. «Son viajes largos, donde los hospedajes no están a la altura de sus mansiones y dan pocos 'ratings' porque la cobertura suele caer en horas nocturnas», observó un editorial del 'USA Today'.

Tampoco se le conoce por su empatía. A estas alturas son muchas las fotos en las que sube por la escalerilla de su avión cubriéndose con un amplio paraguas, mientras se mojan su esposa o su hijo. «El hombre que no comparte un paraguas con su hijo iba a jugarse la vida por los hijos de otros...», se leía ayer en Twitter junto a la foto de Barron y Trump.

Durante la campaña tuvo la oportunidad de poner a prueba su valentía cuando un espontáneo intentó subir al escenario de uno de sus mítines. Trump dio un respingo e hizo amago de esconderse bajo el pódium, hasta que le cubrieron los servicios secretos. «Estaba listo para recibirlo, pero mejor que lo haga la Policía, ¿no?», le dijo al público.

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