Atropello masivo en un carril bici en Manhattan al grito de «Alá es grande»

Una mujer recibe respiración asistida. :: reuters
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Una mujer recibe respiración asistida. :: reuters

Un joven de 29 años al volante de una camioneta irrumpe en un paseo en Nueva York y mata al menos a ocho personas antes de ser arrestado

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

La pistola era de fogueo, el canalla auténtico. Desde los atentados de Niza no hace falta tener armas ni bombas, ni siquiera valor, para cometer un atentado terrorista. El hombre con barba oscura y chandal azul que ayer arroyó con un camión a todos los ciclistas y peatones que encontró en la orilla del Hudson acabó su estampida de la muerte arremetiendo contra un autobús escolar a la hora que salían los niños del instituto Stuyvesant. «Allah Akbar!» (¡Dios es grande!), le oyeron gritar al saltar del vehículo de alquiler, con su falsa pistola y sus falsos ídolos.

El balance, ocho muertos, todos hombres, y al menos 15 heridos, repartidos a lo largo de veinte manzanas de carril bici entre las calles Clarkson y Chamber. «¡Tiene una pistola, corred, corred!», gritaron los viandantes. La Policía respondió de inmediato con balas de verdad y el terrorista resultó herido. Sayfullo Habibullaevic Saipov, de 29 años, natural de Uzbek, había llegado a EE UU hace siete años como asilado político. Se asentó en Tampa (Florida), pero para magnificar su cruel yihad prefirió regar de muertos la Gran Manzana y acabar con su furgoneta manchada de sangre al pie de las antiguas Torres Gemelas. «Otro ataque terrorista perpetrado por una persona muy enferma y desquiciada», tuiteó Donald Trump. «¡No en EE UU!».

uNiza
El 14 de julio de 2016 un camión arremete contra la multitud que contemplaba los fuegos artificiales. Mueren 84 personas.
uBerlín
19 de diciembre de 2016. Un hombre irrumpe con un camión en un mercadillo navideño del centro comercial de la ciudad. Mueren 12 personas.
uLondres
22 de marzo de 2017. Un hombre mata con su todoterreno a cuatro viandantes (una española entre ellos) en el puente de Westminster y luego apuñala mortalmente a un policía.
uLondres
3 de junio de 2017. Un vehículo atropella a transeúntes en Puente de Londres y sus tres ocupantes acuchillan luego en su huida a varias personas. Ocho muertos, entre ellos un español.
uBarcelona
17 de agosto de 2017. Una furgoneta arrolla a la multitud en las Ramblas y mata a 14 personas. Horas después, muere una mujer en Cambrils en un ataque similar.

Era día de Halloween. Los esqueletos y carrozas se preparaban para desfilar por el barrio del West Village, que discurre en paralelo a la masacre. Todo el mundo se quedó petrificado ante estos muertos reales, pero el decreto del alcalde fue no permitir que estropee la fiesta a los niños, disfrazados para la ocasión. Dos de ellos se encontraban en el autobús contra el que se estampó el terrorista, sin que sus heridas revistiesen gravedad.

Así de real fue la noche de muertos en Manhattan, la isla de los rascacielos símbolo del capitalismo occidental que periódicamente sufre el embate de los terroristas. «Este es un día muy doloroso en la historia de nuestra ciudad», anunció consternado el alcalde Bill De Blasio. Muchos hubieran querido ver al contundente Rudi Giuliani, ahora parte del equipo de Trump, pero el contenido alcalde demócrata en campaña de reelección se limitó a calificar el atentado terrorista como «particularmente cobarde».

Como en las Ramblas, el asesino había escogido una zona de paseo en la que no tuviera que tropezarse con otros vehículos, el flamante carril bici que bordea el río hasta Wall Street. Como el sombrero del cowboy en la matanza de Las Vegas, los amasijos de hierros azules con la inscripción de CitiBike simbolizarán para siempre la inocencia perdida en otra tarde de otoño. El popular pro grama de bicicletas compartidas que ha puesto a los neoyorquinos sobre ruedas tiene ya su muesca en el panteón de la yihad.

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