Un asesino meticuloso

El Air Force One aterriza en Las Vegas, ante el hotel Mandalay desde donde actuó el francotirador. /  R. B. / AFP
El Air Force One aterriza en Las Vegas, ante el hotel Mandalay desde donde actuó el francotirador. / R. B. / AFP

El autor de la masacre de Las Vegas llevó las armas en diez maletas e instaló cámaras para anticipar la llegada de la policía, a la que elogia Trump

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Al pasar ayer en su limusina por el hotel Mandalay Bay de Las Vegas, Donald Trump asomó la cabeza en busca de las ventanas rotas desde las que el domingo Stephen Paddock barrió a tiros la multitud de un festival de música country que pondría con su sangre la letra a esos acordes. No vio nada, las cortinas al viento que salían de entre los cristales rotos quedaban en un ángulo ciego para la comitiva presidencial, metáfora lapidaria de un problema de armas que los políticos estadounidenses no quieren ver.

En el interior del hotel los investigadores del FBI trataban de organizar el puzle de la mayor masacre en la historia de EE UU. En el laberinto de más de 3.200 habitaciones repartidas en tres alas y 43 plantas, a las que llegan 24 ascensores, las llamadas de los huéspedes asustados por el eco sordo de los disparos hizo entender a las operadoras de la centralita que en algunas plantas se escuchaban con más fuerza que en otras. El dato fue clave. A esas alturas la policía aún discutía por radio si los disparos procedían del hotel Mandalay Bay o del Luxor.

La incesante lluvia de disparos que dejó 58 muertos y más de 500 heridos era de tal volumen que la atribuyeron a tres francotiradores, a los que situaron entre las plantas 29 y 32. «Tenemos un agente de seguridad que ha resultado herido en la planta 32», informó una operadora. Paddock llevaba ya once minutos de carnicería. Se detuvo y disparó a través de la puerta. Era un hombre meticuloso. Desde que se registró en el hotel el jueves por la noche había subido a la suite una decena de maletas cargadas de armas. En la puerta y hasta en el pasillo había instalado cámaras conectadas a una 'tablet' desde la que vigilaba la llegada de la policía. A esas alturas las enloquecedoras ráfagas de balas habían calentado la habitación.

Una hora después, cuando los equipos de operaciones especiales derribaron la puerta lo encontraron muerto en el suelo con la cara ensangrentada, rodeado de casquillos vacíos por toda la habitación. «Si no hubierais llegado allí tan rápido esto habría sido mucho peor», felicitó Trump a los agentes involucrados, a los que calificó de héroes. «No podemos describir la valentía que el mundo entero ha presenciado».

Algunos de los 17 rifles automáticos de grado militar que Paddock había subido a la habitación yacían en el pasillo de la suite, otros en el jacuzzi. Llevaba años coleccionándolos, al menos dos meses planeando la masacre. Había comprado por internet un dispositivo de apenas cien dólares que permite transformar los rifles en mortales ametralladoras capaces de barrer a la multitud de 20.000 personas sobre la que se ensañó con furia. Junto con las que se hallaron en sus dos casas, el arsenal valorado en unos 100.000 dólares (85.000 euros) incluía 47 armas modificadas para maximizar su eficacia mortal y cargadores de alta capacidad, además de material para explosivos que hace pensar en planes aún más macabros.

Parece imposible que su novia, Marilou Danley, no supiera nada. El mes pasado le compró un billete a Filipinas y diez días antes de perpetrar la masacre mandó una transferencia bancaria a ese país por 100.000 dólares, según NBC. La mujer, filipina de nacionalidad australiana, aterrizó ayer en silla de ruedas en Los Ángeles, donde la esperaba el FBI para interrogarla sin contemplaciones.

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