Alabama impulsa las esperanzas demócratas de recuperar el Congreso

La debacle conservadora en el Estado les ha convencido de sus opciones para reponerse y marcar la agenda de la Administración Trump

M. GALLEGO NUEVA YO RK.

Alabama ha traído un rayo de esperanza al Partido Demócrata y un renovado sentido de la urgencia al Partido Republicano. El primero ha ganado un codiciado escaño en el segundo Estado más republicano del país, según lo identifica Jim Messina, que dirigió la campaña de reelección de Obama. Los conservadores, por su parte, al ver peligrar su débil mayoría, pretenden aprobar antes de Navidad su ambiciosa reforma fiscal, aunque para ello el vicepresidente Mike Pence haya tenido que retrasar su viaje a Israel para preservar su voto de calidad en caso de empate.

La debacle electoral de ese Estado sureño que Donald Trump ganó por 28 puntos hace un año supone también una crisis legislativa ahora que todo pende de dos o tres votos. Con el senador Bob Corker en rebeldía, el octogenario John McCain hospitalizado por la quimioterapia y las presiones de Marco Rubio para aumentar los beneficios por hijos, el regalo de Navidad que Wall Street espera con avidez puede esfumarse. A falta de conocerse la versión final del asunto, el tijeretazo de 1.500 millones de dólares que agravarán el déficit y provocarán recortes sociales, rebajará los impuestos a las grandes empresas y a los más acaudalados de forma permanente, mientras que las deducciones para las clases medias y bajas expirarán en ocho años. De camino, también asestará una puñalada mortal a la reforma sanitaria de Obama al eliminar la obligatoriedad del seguro privado, lo que hará insostenible para las aseguradoras aceptar a clientes enfermos.

'Impeachment' de Trump

Alabama es la única esperanza. Los conservadores ven esa derrota como el resultado de un mal candidato que ni ellos mismos querían entre sus filas. Fue Steve Bannon, ideólogo de la Alt Right, el que forzó su candidatura con una campaña 'antiestablishment', pero hasta Donald Trump sabía que Roy Moore era demasiado extremo.

La victoria de Doug Jones en Alabama era comparada estos días con la conmoción que supuso hace siete años la de Scott Brown en Massachusetts, donde conquistó el asiento de Ted Kennedy. Entonces el líder republicano Mitch McConnell demandó a Obama que respetara la voluntad popular y no pusiera la reforma sanitaria a votación hasta que llegara el reemplazo, lo que obligó a consensuar la ley. Esta vez McConnell pretende aprobar la reforma fiscal a marchas forzadas antes de que llegue el nuevo senador.

Jones no es un demócrata conservador, sino alguien que se atrevió a defender el aborto en un estado donde el voto evangélico llegó al 44%. Como resultado, el 80% votó por Moore, pese a las acusaciones sexuales que pendían sobre él.

La fórmula que permitió ganar fue el aumento de la participación de las bases demócratas -especialmente entre los afroamericanos- y la abstención de los conservadores frente a un candidato que con una mano agitaba la Biblia y con la otra acariciaba adolescentes. El columnista de 'The Washington Post' E.J. Diosenne cree que Alabama fue el Estado donde se puso a prueba la decencia de los republicanos, pero otros creen que lo que se puso a prueba fueron los límites del 'trumpismo'. La cualidad teflón del presidente al que no se le pega ninguna acusación no parece ser transferible.

El análisis detallado de estos resultados, junto con los de Virginia el mes pasado y otras elecciones menores celebradas en distintos puntos del país, ha convencido a los demócratas de que tienen posibilidades de recuperar el control del Congreso en las legislativas de noviembre. De ello dependería la agenda conservadora, las audiencias del Congreso, las investigaciones que se abran y hasta el 'impeachment' de Trump.

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