Diario Sur

Una visión malagueña sobre la campaña electoral en EEUU

Pablo Sánchez-Molina.
Pablo Sánchez-Molina.
  • Pablo Sánchez-Molina, licenciado en Derecho y actual colaborador en la Universidad de Berkeley, relata en primera persona cómo se ha vivido el último debate entre Hillary Clinton y Donald Trump

Se respira un ambiente diferente, de acontecimiento, en Boalt Hall, el edificio principal de la School of Law de la Universidad de California, Berkeley. A las seis de la tarde comienza el tercer y último debate de la campaña presidencial y los miembros de la comunidad universitaria llenan la multitud de lugares donde se proyecta.

Tomo asiento en una enorme sala con forma de anfiteatro que en pocos minutos está a rebosar. El público es joven, se sientan en grupos y toman los refrescos, palomitas y porciones de pizza que los organizadores ofrecen for free. Justo antes de comenzar nos reparten un papel, lo miro… ¡han organizado un bingo en el que los números se sustituyen por palabras que los presidenciables podrían usar durante sus intervenciones! Una vez da comienzo el debate me doy cuenta de que repiten un patrón de comportamiento: ríen y aplauden. A medida que el show avanza, los asistentes ríen ante la intención de Trump de nombrar a jueces de la Supreme Court que protejan la segunda enmienda (establece el derecho a la posesión de armas) por encima de todas las cosas, las carcajadas retumban en la sala anfiteatro cuando Trump insiste en que Putin no es su “mejor amigo” o en el momento que afirma que nadie respeta más a las mujeres que él. Por el contrario, aplauden a Hillary tras defender el derecho de las mujeres a abortar con asesoramiento médico, después de comparar su carrera profesional con la de Trump o al exponer sus argumentos a favor de su propia elección como presidenta. Este patrón solo se rompe tras una frase: I will tell you at the time, I will keep you in suspense. El público abuchea… El moderador le acaba de preguntar a Trump sobre su compromiso de aceptación de los resultados electorales y este ha respondido con esta frase evasiva que pone en duda la existencia de unos comicios libres y limpios.

Aquí se toman a broma las excentricidades de Trump y aplauden las propuestas de Hillary pero, claro, nos encontramos en una de las universidades más progresistas de los Estados Unidos y, seguramente, en muchos otros lugares las risas serán aplausos y los aplausos abucheos.

Pablo Sánchez-Molina. Licenciado en Derecho, Master en Derecho Constitucional, becario de posgrado de la Obra Social “la Caixa” y visiting student researcher en la Universidad de California, Berkeley.