Un director de Comunicación a la medida de su jefe

En los escasos días que lleva en la Casa Blanca, Anthony Scaramucci se revela como instrumento de Trump para alentar divisiones en su equipo

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Con él llegó el escándalo. Anthony Scaramucci es un director de Comunicación a la medida de su jefe: digno de una película de Hollywood, podrido de dinero, sin pelos en la lengua y enamorado de la televisión, a través de la que se dirige a sus colaboradores con una falta de respeto y decoro que pasma. «Sarah, lo único que te pido es que sigas usando la peluquera y la maquilladora que te llevamos el viernes», dijo a la portavoz de la Casa Blanca a través de Fox.

Durante sus primeros seis meses de Gobierno, Trump ha pagado favores de campaña combinando a veteranos de Washington con sus leales para formar equipo, pero ahora que ya se siente al mando cree no necesitar más asesoramiento y empieza a purgar su Gabinete al más puro estilo mafioso con el que conducía sus negocios de casinos y rascacielos.

Scaramucci lleva unos días en el cargo y ya es el rey de la Casa Blanca. O más bien su 'consigliere'. En su primera entrevista ayer con CNN se encargó de dejar claro cada tres minutos que tenía la confianza del jefe con el que, soltó, había cenado la noche antes y, volvió a soltar, había hablado «hace 15 minutos» y, añadió, «me ha dado su total apoyo y todas sus bendiciones».

Eso ha provocado ya la primera lucha fratricida con el jefe de Gabinete, Reince Priebus, a quien usurpa las funciones entrevistando a candidatos y amenazando al personal de la Casa Blanca con despedirlos a todos si no aparecen los filtradores que busca. «Aquí hay gente que cree que su trabajo es salvar a América de este presidente y se equivoca».

A Priebus, que como secretario general del Partido Republicano apoyó a Trump en la toma de la formación conservadora, se le veía como un muro de contención para controlar su carácter impulsivo y nihilista, que es el que ahora se impone. Priebus había dicho que Scaramucci sólo llegaría a la Casa Blanca «sobre mi cadáver» pero el viernes, cuando su pesadilla se hizo realidad, prefirió cambiar de color y apoyarle «al 100%». El nuevo director de Comunicación le besó falsamente la mano diciendo que son «como hermanos». Ayer precisó que «hay hermanos como Caín y Abel».

Trapos sucios

Caín asesinó a Abel y en esa línea la defunción profesional del jefe de Gabinete se ve hasta más segura que la de Jeff Sessions, el ministro de Justicia al que el 'matón en jefe' atosiga diariamente por Twitter para forzar su salida. Ante las cámaras lanzó otra amenaza ahora colectiva. «El presidente y yo queremos decir a todo el mundo que tenemos una muy buena idea de quiénes son los filtradores y quiénes son los filtradores de alta jerarquía en la Casa Blanca». En otras palabras, 'Priebus, sabemos quién eres, vamos a por ti'. A la periodista que dijo que ya están investigando a Priebus la acusó en directo de ser «antipatriota» si no revelaba sus fuentes. Sean Spicer sabía lo que hacía cuando presentó su dimisión al conocer que Scaramucci había sido contratado. Quienes esperaban que calmase el caos que reina en la Casa Blanca ya se han dado cuenta de que sólo servirá para avivarlo.

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