Díaz-Canel asume el legado de los Castro

Raúl Castro levanta el brazo del nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, nombrado formalmente ayer en la Asamblea Nacional. ::  Adalberto ROQUE / afp/
Raúl Castro levanta el brazo del nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, nombrado formalmente ayer en la Asamblea Nacional. :: Adalberto ROQUE / afp

El nuevo presidente de Cuba asegura con su primer discurso, de solo media hora, la continuidad política y el poder del partido

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

El histórico traspaso de la presidencia en Cuba no estuvo acompañado por grandes ceremonias, como se podía esperar en un día como este. El relevo generacional lo anunció con sencillez Esteban Lazo, reelegido al frente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). «Compañero diputado Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, desde este instante usted es el nuevo presidente de los consejos de Estado y de ministros de la República de Cuba» dijo antes de invitarlo al estrado donde minutos antes había hablado Raúl Castro. Se visualizaba así la imagen de la continuidad.

Sin mayores preámbulos Díaz-Canel aceptó, «con honor y emoción», la responsabilidad y «el mandato de nuestro pueblo». De principio a fin afianzó en su discurso la misma idea de continuidad, desde sus primeras palabras dedicadas a la «generación histórica, que con su consagración y humildad nos acompaña en esta hora de desafíos», hasta el renovado colofón: «Patria o Muerte, Socialismo o Muerte, Venceremos».

El nuevo presidente destacó que Raúl Castro, como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), «se mantiene por méritos propios al frente de la vanguardia política» y «encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el país y el futuro de la nación». «Solo el Partido Comunista de Cuba garantiza la unidad de la nación y de su pueblo», recordó a los oyentes. El reconocimiento a su predecesor fue rotundo. «Raúl, como cariñosamente le llama nuestro pueblo, es el mejor discípulo de Fidel. Asumió la dirección de la Revolución ante una difícil situación económica y supo sobreponer al dolor personal, el deber».

El mandatario reconoce que «afuera hay un mundo que nos mira con más preguntas que certezas»

Sobre cómo será su mandato, desinfló las cábalas de quienes esperaban grandes anuncios. «No vengo a prometer nada», solo el «compromiso de trabajo intenso» siguiendo las directrices aprobadas por el PCC, «sin miedo ni retroceso» pero «sin espacio para la restauración capitalista» y «sin espacio para una transición que destruya lo logrado en tantos años».

Miguel Díaz-Canel admitió conocer «las expectativas que un momento como este provoca en nuestros compatriotas» y les aseguró que «nos corresponde ser más creativos en la discusión de nuestras verdades». Algo que, según advirtió, estaba amenazado por nuevos peligros, porque «en el planeta internet hoy reina la mentira». Sí se comprometió a «corregir errores y evitar improvisaciones que irritan a la población»

Diálogo exterior

Con relación a la política exterior reiteró que «se mantendrá inalterable y Cuba no hará concesiones ni aceptará condicionamientos», aunque «estaremos dispuestos a dialogar con los que aspiren a hacerlo desde el respeto». Dijo que «afuera hay un mundo que nos mira con más interrogantes que certezas, que ha escuchado que la revolución termina con sus guerrilleros» pero reafirmó que «sigue de verde oliva para vencer todos los combates».

Recordó en varias ocasiones a Fidel Castro, y a otros líderes históricos y llamó a pensar en su legado en un día histórico no solo por el relevo presidencial, sino porque coincidía con el aniversario de la victoria cubana sobre la invasión de playa Girón o bahía de Cochinos, como también se le conoce.

Utilizando palabras del fallecido gobernante comunista pidió «defender esta Revolución socialista, 'de los humildes, por los humildes y para los humildes' que la generación histórica construyó». Pero a diferencia de los largos discursos de Fidel, Díaz-Canel necesitó menos de media hora para presentarse. Le dio tiempo hasta a evocar algunos hitos logrados por su predecesor, como la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Sus dos primeras decisiones fueron nombrar a su segundo, Salvador Valdés Mesa, como primer vicepresidente del Consejo de ministros y posponer el nombramiento del resto de los ministros a la sesión plenaria de julio. Así inició una nueva legislatura que, a pesar del tono continuista de todo el discurso, aseguró finalmente que «no es una más. La revolución», advirtió el nuevo mandatario, «sigue dispuesta a todos los combates, el primero para vencer nuestras propias indisciplinas y errores».

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