Crisis política en Berlín por los refugiados

La división entre Merkel y el ministro de Interior por la política migratoria amenaza con romper la coalición de gobierno y los lazos con la CSU

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

La gran coalición de gobierno que lidera la canciller, Angel Merkel, ha entrado en crisis. Y no porque los socialdemócratas, socios menores de la alianza, la cuestionen. La grieta que amenaza con romperla se ha abierto entre los líderes de las dos formaciones conservadoras hermanadas, entre la propia Merkel, presidenta de los cristianodemócratas (CDU), y su ministro del Interior, Horst Seehofer, a su vez presidente de los socialcristianos bávaros (CSU). La causa es la misma que los mantiene enfrentados desde hace dos años: los refugiados.

El desencuentro es tal que Seehofer no participará hoy en la cumbre de integración que tendrá lugar en la Cancillería Federal germana. Será el primer titular de Interior en ausentarse de esa cita obligada. Prefiere reunirse con el canciller austríaco, el también conservador Sebastian Kurz, defensor de una política de máxima dureza para hacer frente a las migraciones incontroladas. La cumbre convocada por Merkel tiene como fin iniciar la elaboración de un Plan Nacional de Integración para migrantes y refugiados, en el que el Ministerio del Interior debe jugar un papel protagonista.

Elecciones regionales

El nuevo disenso entre Merkel y Seehofer se hizo patente cuando la oficina de este último anunció el lunes la suspensión 'sine die' de la rueda de prensa de presentación de su «plan maestro» para la migración. Una propuesta de 63 puntos de los que la canciller aprueba 62. Merkel censura tajantemente la insistencia de Seehofer en rechazar en la misma frontera alemana a aquellos peticionarios de asilo que ya se encuentran registrados en otro país de la Unión Europea.

La CSU presiona para la aplicación de la línea más dura posible en materia de migración y refugiados con vistas a las elecciones regionales de Baviera el próximo otoño, en las que teme perder su mayoría absoluta y ceder votos a los populistas y ultranacionalistas de la Alternativa para Alemania (AfD).

El primer ministro bávaro, Markus Söder, respalda por ello a Seehofer y argumenta como él que solo pretenden aplicar los acuerdos de la UE, pese al rechazo de Merkel y la Comisión Europea, que ven en el goteo de refugiados que llega al país germano una descarga necesaria para socios comunitarios desbordados como Italia y Grecia.

En el caso de que Merkel y Seehofer no se pongan finalmente de acuerdo, la cuestión de los refugiados puede conducir a una crisis del Ejecutivo alemán. La Constitución contempla que es la canciller federal quien establece la política de gobierno, pero si se impone a la fuerza al líder de la CSU, las consecuencias llegarían a ser dramáticas.

Merkel podría verse obligada a cesar a su ministro del Interior o este a presentar su dimisión. Y con ello no solo se rompería la gran coalición, sino la hermandad de los partidos de la Unión -cristianodemócratas y socialcristianos bávaros-, que llevan emparejados desde la fundación de la República Federal de Alemania.

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