Corea del Norte da un nuevo paso para la paz

El líder norcoreano, Kim Jong-un, en una imagen de archivo durante una inspección a instalaciones nucleares. :: efe/
El líder norcoreano, Kim Jong-un, en una imagen de archivo durante una inspección a instalaciones nucleares. :: efe

Kim promete cesar de inmediato las pruebas de misiles nucleares y desmantelar las instalaciones para sus test de armas atómicas

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Paso a paso, parece que Corea del Norte y Corea del Sur avanzan hacia la paz. Cada día que pasa, las noticias son más esperanzadoras y las palabras conciliadoras se van traduciendo en hechos. Ayer no fue una excepción. Solo un día después de que el presidente surcoreano, Moon Jae-in, anunciase que Pyongyang está dispuesta a iniciar un proceso de desnuclearización incondicional, el régimen norcoreano anunció que cesa inmediatamente todas las pruebas de misiles y de armas atómicas y que desmantelará las instalaciones utilizadas para llevar a cabo los test de bombas nucleares.

«En primer lugar, es evidente que hemos logrado desarrollar armas nucleares, que hemos conseguido miniaturizarlas, y que tenemos la capacidad para transportarlas, completando así con éxito el programa nuclear militar del país. Por esta razón, no es necesario que continuemos probando bombas atómicas o misiles intercontinentales», dijo el líder norcoreano, Kim Jong-un, según la agencia de noticias oficial KCNA. «Desde el 21 de abril, el programa de pruebas queda suspendido, y el centro de test nucleares del norte será desmantelado para demostrar de forma transparente nuestro compromiso», añadió.

Sin embargo, Kim no considera que esta sea una concesión a sus enemigos, Corea del Sur y Estados Unidos, con cuyos líderes protagonizará sendas reuniones históricas en los próximos meses. «Ahora el Partido y toda la nación se debe centrar en el desarrollo de la economía socialista. Es la nueva política del Partido», explicó. Eso sí, también reconoció que este «dramático cambio» solo se entiende en el actual clima de conciliación «que está modificando el horizonte político internacional».

LA CLAVEEl anuncio facilita las actuales conversaciones con el Sur antes de la cumbre del viernes

Kim añadió que esta decisión «es un paso importante en el proceso de desnuclearización global, en el que Corea del Norte se sumará a los esfuerzos para erradicar por completo las pruebas de armas nucleares». Lo que no dijo es que fuese a destruir las que ya ha construido. A ese respecto, en el comunicado de KCNA solo se menciona que Corea del Norte «nunca utilizará armas atómicas, salvo que exista una amenaza o provocación nuclear contra el país». Esa salvedad hace pensar que no tiene intención de deshacerse del arsenal que ya ha construido.

En cualquier caso, Kim reiteró su compromiso con la paz y se despojó de la retórica belicista que ha caracterizado siempre sus declaraciones. «Propiciaremos e intensificaremos el diálogo con nuestros países vecinos y con la comunidad internacional para proteger la paz y la estabilidad de la península coreana y del mundo», sentenció el dictador. Sin duda, se trata de un importante golpe de efecto por parte del régimen norcoreano, consciente de que su desnuclearización puede ser condición 'sine qua non' para que avancen las actuales conversaciones de paz, que alcanzarán uno de sus puntos culminantes con la cumbre que liderarán Kim y Moon el próximo viernes.

Poco a poco, el lógico escepticismo de políticos y analistas va disipándose para dejar paso a la esperanza y a una genuina sorpresa. Porque el 1 de enero nadie creía que este proceso pudiese tener lugar. Al fin y al cabo, solo unos meses antes, y después de haber llevado a cabo el mayor número de pruebas de misiles de su historia, Kim había amenazado con atacar el territorio estadounidense de Guam y había provocado el pánico en Japón cuando dos de los proyectiles sobrevolaron territorio del archipiélago. «Convertiremos Estados Unidos en un mar de fuego», dijo el joven dirigente después de haber probado con éxito una bomba de hidrógeno.

Los Juegos de Invierno

No obstante, en su discurso de Año Nuevo, Kim protagonizó un vuelco y anunció que Corea del Norte participaría en los Juegos Olímpicos de Invierno que iba a celebrar un mes después el Sur. Y así fue. Los deportistas de ambos países desfilaron juntos bajo la bandera de una península unificada -objetivo que persiguen las dos Coreas-, y las jugadoras de hockey sobre hielo incluso participaron con un único equipo que eliminó la frontera del paralelo 38.

No obstante, en este imprevisto deshielo fue clave la visita que realizó a Seúl una delegación política de alto nivel capitaneada por la hermana de Kim, Kim Yo-jong. Fue ella quien estrechó la mano de Moon y quien se sentó cerca del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, durante la ceremonia de inauguración de los Juegos. Desde entonces, los acontecimientos se han precipitado a toda velocidad: se confirmó la cumbre intercoreana del día 27; Kim Jong-un viajó a Pekín para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, y espera que pronto le devuelva la visita en Pyongyang; y el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aceptó verse con Kim en una localidad todavía no determinada en el mes de junio.

A pesar de todo, en Corea del Sur la ciudadanía todavía no está totalmente convencida de que las intenciones de Pyongyang sean las que afirma. «Mientras el régimen dictatorial no cambie, no podemos creer por completo a Corea del Norte. No creo que podamos establecer relaciones diplomáticas normales ni que se pueda garantizar nuestra seguridad», declaró a Reuters un estudiante de 23 años llamado Kim Han-nuri. «Estamos ante la tercera cumbre intercoreana. En las dos anteriores pareció que Corea del Norte iba a abandonar sus armas atómicas, y luego volvimos a las andadas. Es imprescindible verificar que lo hacen», añadió Yeo Young-ju, de 44 años.

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