La contrarreforma sanitaria se retrasa

Una operación urgente del senador McCain obliga a los republicanos a posponer la votación para desmantelar el sistema de salud de Obama

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

En agosto de 2009 la muerte del senador Ted Kennedy a los 77 años, víctima de un tumor cerebral, dejó a Barack Obama sin el voto que necesitaba para aprobar una sanidad universal. El entonces presidente tuvo que conformarse con regular los seguros privados en una reforma sanitaria que no satisfizo a nadie. Ayer el líder del Senador Mitch McConnell se vio obligado a posponer el voto de ley para desmantelar aquel legado demócrata porque el senador John McCain, de 80 años, fue operado por sorpresa de un «coágulo en la cabeza», según el comunicado oficial.

Así de apretados están los números en el Senado cuando se trata de la sanidad. McCain ha prometido volver a su asiento la semana que viene para salvar la contrarreforma sanitaria si McConnell consigue mantener en fila a su cuadrilla de senadores republicanos. Dos de ellos ya han anunciado que votarán en contra y eso es todo lo que el partido de Donald Trump puede permitirse perder. Según una de estas voces discrepantes, la senadora Susan Collins, «entre ocho y diez colegas tienen serias preocupaciones sobre esta ley». Cuanto más tiempo se tarde en votar, más tiempo tendrán los opositores para presionar a sus legisladores en el ámbito local y dejarles claro que pagarán un precio político por apoyarla.

Muchos ya han sopesado esa erosión, pero creen que el precio que les cobrarían sus bases más radicales por no cumplir con la promesa de desmantelar Obamacare sería mucho más alto. Si de precio se trata, Trump se está encargando de subir la etiqueta. El magnate neoyorquino, acostumbrado al lenguaje de mafiosos con que se hacen los negocios inmobiliarios de casinos y rascacielos, convocó la semana pasada en la Casa Blanca a tres de los candidatos que aspiran a levantarle el asiento al senador republicano de Arizona Jeff Flake. Trump busca al candidato más fuerte para ejecutar su venganza y ayudarle a echar del Senado al hombre que no se plegó a su candidatura.

No acepta subversiones

El momento no es casual. Con ello lanza el mensaje a todo el hemiciclo republicano de que no acepta subversiones. Si las hay, solo dos se han atrevido a hacerlas públicas, por razones opuestas. La senadora Collins le ha llevado la contraria al vicepresidente Mike Pence «con el debido respeto», porque ella no considera que la contra reforma sanitaria vaya a «fortalecer Medicaid», el seguro para los más pobres. Contrariamente a lo que este ha dicho en Twitter, la ley propuesta reducirá ese presupuesto en 700 millones de dólares -609 millones de euros- para 2026, lo que obligará a dejar sin cobertura entre 14 y 15 millones de estadounidenses de bajos ingresos, además de cerrar hospitales y geriátricos en zonas rurales. El otro díscolo, el senador libertario de Kentucky Rand Paul, se opone por los motivos contrarios: la ley no llega lo suficiente lejos porque deja en pie demasiadas provisiones de la reforma sanitaria de Obama.

A izquierda o a derecha, cualquier nueva deserción hundirá la promesa de Trump de que el Congreso no se irá de vacaciones sin aprobar «esta preciosa ley». McCain insiste en que regresará la semana que viene para cumplir con su parte, aunque los expertos dicen que lo sensato sería esperar dos semanas. La mayoría de los estadounidenses no tienen ese lujo. Los hospitales les echan horas después de la operación, pero la poliza que pagan los contribuyentes a sus legisladores para dejarles sin seguro es lo que en EE UU se llama el Cadillac de todas las pólizas.

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