Comey descalifica la talla moral de Trump

James Comey./
James Comey.

El exdirector del FBI sostiene en un libro que se publica hoy que el magnate no está cualificado para ser el presidente de EE UU

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Republicano de toda la vida, católico primero y metodista después, James Comey es uno de los grandes escandalizados por la conducta de Donald Trump, al que no considera «moralmente cualificado» para ser presidente de EE UU, dijo en la primera entrevista que da desde que fue despedido como director del FBI, emitida el domingo por la noche en la cadena de televisión ABC.

No ya por que sea el primer mandatario del país que nunca ha tenido un cargo público ni servido en las Fuerzas Armadas. Ni siquiera por la posibilidad, que no descarta, de que Trump se acostase con prostitutas en un hotel de Moscú y les ordenase orinar delante de él sobre la cama en la que durmieron los Obama, como dice el informe de Christopher Steele. Sino porque «una persona que ve equivalencia moral en (los enfrentamientos racistas de) Charlosttesville, que trata a las mujeres como trozos de carne, que miente constantemente sobre cosas pequeñas y grandes e insiste en que el pueblo estadounidense le crea, no está cualificado para ser presidente de EE UU, desde un punto de vista moral».

Es esa capacidad de mentir patológicamente la que más le preocupa. «Sus ideas sobre inmigración o armas no me importan», zanjó. Y no se trata de un juicio puritano como el que pudo costarle a Bill Clinton la presidencia. Comey tiene asumido que «todo el mundo miente en algún momento de su vida», ha escrito en el libro que sale a la venta hoy. «La cuestión es sobre qué y con qué frecuencia».

'Una lealtad superior: Mentiras, verdades y liderazgos' ha decepcionado a quienes esperaban leer en sus páginas información nueva sobre la trama rusa, cuya investigación comenzó en el FBI bajo su mando. Por su educación y su carrera, el hombre que trabajó como fiscal adjunto de George W. Bush es alguien comprometido con la Justicia que, incluso si supiera algo comprometedor, no lo diría públicamente mientras hubiera una investigación abierta.

Trump quiso que le exculpase públicamente, pero a estas alturas Comey todavía no puede descartar que el presidente no sea un caballo de Troya elegido con la ayuda de Moscú. «Es posible, no lo sé», admitió. «Podría decirlo con confianza de cualquier otro presidente con el que haya tratado, pero en este caso no puedo».

Con todo, no es partidario de que a Trump se le abra un proceso de 'impeachment', porque cree que la decisión de apartarle del cargo debe de recaer en el electorado, no en el Congreso. Tampoco ve razones médicas o psiquiátricas para deshacerse de él. «Me pareció una persona con inteligencia por encima de la media, que sigue atentamente las conversaciones y que sabe lo que pasa». Solo que actúa como un jefe de la mafia, que mide a la gente por su lealtad y no por su valía profesional.

Los 'e-mails' de Clinton

El honor está en el centro de su cruzada para contar lo que ocurrió entre él y el mandatario más controvertido de EE UU. Hasta que le invitó a cenar a solas para demandarle lealtad, como si fuese El Padrino, Trump le había alabado públicamente por haber tenido «las agallas» de reabrir la investigación sobre los emails de Hillary Clinton a diez días de las elecciones. Ella le considera responsable de su derrota electoral. «Si las elecciones hubieran sido el 27 de octubre yo sería la presidenta», dijo en entrevista con el mismo programa de la cadena ABC, '20/20', cuando publicó sus memorias.

El grandullón al que Obama absolvió en privado de sus pecados se encontró en medio de las elecciones más polémicas de la historia. Los republicanos le acusan de haber reabierto la investigación de Clinton solo porque estaba convencido de que en cualquier caso ganaría. Y los demócratas, de haber provocado con ello la victoria de Trump.

Él asegura que nunca permitió que nada de eso afectase su decisión. «Si un director del FBI considera a quién va a beneficiar políticamente estamos acabados. Seríamos otro jugador más en la batalla tribal». Solo que en los mundos de Trump no hay posiciones neutras. O estás conmigo o estás contra mí. Por eso se acabó su carrera «de un chispazo», admitió.

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