El FBI cerca al abogado del presidente

M. GALLEGO NUEVA YORK.

Fue como lanzar una bomba en la entrada de la Torre Trump. La sorpresiva operación del FBI para registra r de forma simultánea las tres ubicaciones en las que Michael Cohen vive y trabaja sacudió todas las vísceras del presidente, convencido de que la «caza de brujas» ha alcanzado «un nuevo nivel de injusticia». Cohen no solo es su amigo y abogado personal. Es el guardián de todos sus secretos, que ahora están en manos del FBI.

Los agentes federales tienen ya su ordenador, su teléfono móvil y todo lo que quisieron llevarse de su oficina, en la planta del Rockefeller Center que alquila la firma Squire Patton Boggs, que ese mismo día se apresuró a terminar el contrato. Igual de embarazoso fue para el hotel Rengency de Park Avenue, donde Cohen había alquilado una suite mientras renovaba su piso.

Los agentes llevaban una orden judicial, pero esta vez no respondía a la petición del fiscal especial Robert Mueller. Astuto, el que fue el sexto director del FBI pasó al Departamento de Justicia la información que ha encontrado durante su investigación sobre presuntos delitos cometidos por Cohen ajenos a la trama rusa. Al menos seis altas instancias y un juez habrían autorizado los registros, que rara vez se permiten cuando violan la confidenciales de un abogado con sus clientes, lo que demuestra que los indicios encontrados por Mueller son abrumadores.

Se cree que el FBI busca pruebas de los pagos a dos actrices porno que tuvieron relaciones con Trump para comprar su silencio, pero también información sobre una veintena de placas de taxis neoyorquinos que posee y varios tratos que realizó con empresas extranjeras mientras trabajaba para Trump Organization.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos