La canciller eficaz e imbatible

Merkel huele unas rosas con el logo de la CDU, ayer, en uno de sus mítines de campaña. :: EFE/
Merkel huele unas rosas con el logo de la CDU, ayer, en uno de sus mítines de campaña. :: EFE

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Solo su padrino político, el recientemente fallecido Helmut Kohl (16 años), y el 'fundador' de la República Federal, Konrad Adenauer, (14 años) han gobernado más tiempo que Angela Merkel en Alemania. Nadie duda de su nuevo triunfo en los comicios de mañana y de que cuando cumpla su cuarta legislatura consecutiva de cuatro años, en 2021, habrá empatado con el primero y superado en dos años al segundo al frente de la Cancillería.

Los jóvenes que ejercerán este domingo por primera vez su derecho de sufragio no han conocido otro gobernante alemán. Tras doce años en el poder, la cristianodemócrata Angela Merkel ha visto ocupar y desalojar la Casa Blanca a George Bush jr. y Barack Obama, el Elíseo a Nicolas Sarkozy y François Hollande, y el número 10 de Downing Street a Gordon Brown y David Cameron.

Una docena de años que a muchos pueden parecer una eternidad y que han dado de sí para acumular múltiples crisis en las que la líder cristianodemócrata (CDU) Merkel se ha visto obligada a actuar de bombero, desde la crisis financiera mundial que condujo a las de la banca y del euro en Europa, sin olvidar las de Grecia y los demás socios de la UE acuciados por la deuda nacional, la de los refugiados o el espionaje de la NSA estadounidense a sus socios alemanes y europeos, así como un largo etcétera de líos internacionales, la mayoría por resolver aún.

Su reelección en la jefatura del Gobierno alemán solo llegó a ser puesta en duda a principios de este año cuando sus socios socialdemócratas (SPD) en la 'gran coalición' anunciaron la nominación para la presidencia del partido y la candidatura a la Cancillería federal de Martin Schulz, un anuncio que disparó la popularidad de la tradicional formación de izquierdas, que en varios sondeos llegó incluso a empatar en intención de voto con los conservadores de Merkel tras años sufriendo un distanciamiento de no menos de diez puntos.

Cierre de filas

El expresidente del Parlamento Europeo devolvió la confianza perdida al SPD y logró infundir un cierto nerviosismo al aparato electoral democristiano. Sin embargo, los comicios regionales de la pasada primavera volvieron a poner las cosas en su sitio. La CDU no solo confirmó su dominio en el Estado federado del Sarre, sino que arrebató a los socialdemócratas los gobiernos de Schleswig-Holstein y Renania del Norte-Westfalia, este último de un simbolismo especial por tratarse de la cuna obrera del SPD. A partir de entonces la CDU volvió a subir en intención de voto en la misma medida en la que el SPD bajaba.

Esos éxitos hicieron cerrar las filas conservadoras en torno a su candidata, a la que, tras meses de desacuerdos por la política de refugiados, declaró su apoyo expreso Horst Seehofer, primer ministro bávaro y líder de sus aliados socialcristianos (CSU).

Pese a tenerlo todo de su parte, la líder conservadora ha sufrido la campaña electoral más incómoda de su carrera. No por los ataques del SPD, La Izquierda o Los Verdes, sino por el acoso sistemático que sufren sus mítines por parte de simpatizantes de la ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD), la joven formación de tinte xenófobo y antieuropeo, que en la línea del Frente Nacional francés o el Partido de la Libertad neerlandés, se alimenta de los miedos de la población para ganar adeptos y advierte del supuesto peligro que suponen los refugiados.

Prácticamente todos los actos electorales de Merkel en el este de Alemania se han visto enturbiados por pequeños grupos organizados y coordinados de seguidores de AfD que corean consignas contra la canciller y su política para tratar de silenciar su voz y de boicotear la asamblea. Tanto es así que en la última semana previa a los comicios el equipo de Merkel ha renunciado a los mítines en plazas y lugares públicos para celebrarlos en teatros y pabellones en los que es posible controlar el aforo. Aunque Merkel se mantiene inalterable, según asegura su equipo. Sus intervenciones no son tampoco combativas. No grita, saluda educadamente al público, agradece su presencia e incluso se disculpa si llega con retraso, aunque sea por causas meteorológicas. Tampoco insulta a sus rivales políticos y expone sus argumentos como un profesor ante sus alumnos.

El éxito de Merkel se debe a su capacidad de asimilación y de, llegado el momento, saber ceder al manifiesto deseo de la mayoría popular, incluso en contra de su propio partido. La líder conservadora ha demostrado estos doce años ser más socialdemócrata que el SPD y más ecologista que Los Verdes. Así fue con el anuncio del abandono de la energía nuclear tras el accidente de la central japonesa de Fukushima y su apuesta por las renovables; el fin del servicio militar obligatorio; la introducción del salario mínimo; las jubilaciones anticipadas a los 63 años y, recientemente, la aprobación del llamado 'matrimonio para todos', la equiparación de las parejas homosexuales a las heterosexuales, mediante una maniobra sibilina.

Matrimonio homosexual

Después de que su partido bloqueara durante más de una década ese proyecto de ley, la canciller dejó caer en una entrevista que la votación al respecto en el Bundestag debía ser una decisión «de conciencia individual» de los diputados fuera de la disciplina de partido. Cinco días después, la Cámara Baja alemana daba luz verde a la iniciativa. El 40% de los votantes de Los Verdes declara su respaldo a la política de Merkel y el SPD lleva quemados ya tres candidatos en la infructuosa tarea de arrebatarle el poder.

Tras una campaña realmente anodina se espera que la emoción retorne la noche electoral. Aunque ganadora por anticipado, Merkel también se la juega en los comicios. Nadie espera que los conservadores repitan el 41% de 2013, pero todo resultado inferior a un 35% supondría un revés para la canciller. Y sería un desastre si la Alternativa para Alemania (AfD) supera ampliamente el 10% y se sitúa incluso como tercera fuerza política en el Bundestag, por detrás de conservadores y socialdemócratas, pero por delante de La Izquierda, Los Verdes y los liberales (FDP). Complicaría la negociación con otras formaciones a la búsqueda de aliados para una nueva coalición de gobierno y también enrarecería de nuevo el ambiente entre CDU y sus hermanos de la CSU bávara.

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