El G-20 busca respuestas para un mundo sin liderazgo

Donald Trump y Angela Merkel, en el encuentro que mantuvieron ayer en Hamburgo. :: matthias schrader / afp

Los contactos a dos entre los líderes protagonizarán una cita de agenda densa y planteamientos de difícil consenso

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Mientras Shakira, Coldplay y Ellie Goulding protagonizaban el concierto popular en el Volkspark de Hamburgo del movimiento 'Global Citizens' para llamar a la paz y la lucha contra el hambre, los jefes de Estado y de gobierno de los mayores países industrializados y emergentes del planeta iniciaban contactos informales y terminaban de prepararse para la cumbre del G-20 que comienza hoy en la ciudad hanseática. Consciente de lo complicadas y difíciles que serán las negociaciones, la canciller federal, Angela Merkel, contactó personal o telefónicamente con los principales líderes en las últimas semanas y se entrevistó incluso a última hora en Hamburgo con dos de los huesos duros de roer de la reunión, los presidentes de EE UU y Turquía, Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan.

Existen «planteamientos diferentes» sobre la globalización en el seno del G-20, dijo Merkel a su llegada a la ciudad portuaria para presidir la cumbre. La canciller expresó su convicción de que esa globalización se puede diseñar en beneficio de todos, sin vencedores ni perdedores, aunque reconoció que «habrá que ver lo que somos capaces de consensuar». Admitió igualmente que habrá complicadas negociaciones sobre el clima tras la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París, pero subrayó que «muchos, muchos otros países lo respaldan», a la vez que se mostró esperanzada en que se llegue a un compromiso final con Washington. Aseguró que «no tenemos intención de maquillar el disenso, sino de llamarlo por su nombre», además de señalar que «en cuestiones importantes hay también opiniones diferentes» en ese foro.

En cuanto a los distintos conflictos mundiales, Merkel destacó que la reunión del G-20 ofrece la oportunidad de encuentros que no se dan en otros ámbitos y preguntada sobre si mediará entre los presidentes de EE UU y Rusia cuando conversen sobre diferentes crisis dijo que su papel «no es de mediadora, sino el de hacer aportaciones para la solución de los problemas».

Una cumbre así, a dos meses y medio de las elecciones al Bundestag, debería ser una ocasión de oro para que la anfitriona se luzca, pero en esta ocasión todo resulta muy complicado. O como diría Steffen Seibert, portavoz de la canciller: «este es un año en el que el multilateralismo, al que nos sentimos obligados y del que una cumbre del G-20 es una clara señal, no es compartido precisamente por todos».

Una manera indirecta de referirse al máximo mandatario estadounidense, quien pese a haber prometido colaborar y ayudar a Merkel a que la reunión sea un éxito, podría arruinar la cita con su rechazo a los esfuerzos para frenar el cambio climático y su escepticismo ante el libre comercio y su apuesta por el proteccionismo. Desde que el foro del G-20 tuvo su primera reunión en 2008 en medio del terremoto de la crisis financiera mundial nunca una cumbre se había enfrentado a negociaciones tan difíciles.

Alemania preparó la cita de viernes y sábado bajo el lema 'Diseñar un mundo integrado', con una abultada agenda de temas que abarcan el comercio y la economía mundiales, los mercados financieros, el cambio climático y la digitalización, la mujer y las pandemias, la lucha contra el terrorismo y la corrupción, los refugiados, la migración y África como continente de oportunidades. Merkel, por si acaso, ha rebajado las expectativas y se esforzará por alcanzar un mínimo denominador común que pueda quedar reflejado en la declaración final. Como buena diplomática sabe que cualquier pequeño avance o progreso se podrá vender después como un éxito negociador.

En los márgenes

Tan interesantes como la cumbre en sí prometen ser los contactos bilaterales en los márgenes. Sobre todo el primer encuentro personal que tendrá lugar hoy entre Donald Trump y su colega ruso, Vladímir Putin. No parece que pueda ser muy amistoso a la vista de las acusaciones de «comportamiento desestabilizador» vertidas por el presidente estadounidense contra su homólogo ruso en Varsovia. Sin embargo están obligados a entenderse o, por lo menos, escucharse ante la larga lista de conflictos en los que se encuentran implicados.

Desde la guerra civil en Siria, donde las dos viejas potencias dicen querer actuar coordinadas para luchar contra el Estado Islámico y combaten a la vez en bandos opuestos, al conflicto de Ucrania o la amenaza nuclear de Corea del Norte. Putin no ha olvidado que el anterior presidente de EE UU, Barack Obama, rebajó la condición de su país a «potencia regional» y reclama el reconocimiento internacional que tuvo la desaparecida Unión Soviética.

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