Bruselas pasa palabra pese al varapalo

Recuento de votos en un colegio electoral de la ciudad de Nápoles. :: C. A. / efe/
Recuento de votos en un colegio electoral de la ciudad de Nápoles. :: C. A. / efe

La Comisión se limita a pedir un Gobierno «estable» y elude valorar el mal resultado para la UE porque el recuento todavía no era oficial

ADOLFO LORENTE

bruselas. Cuando uno juega a empatar, pasa lo que pasa, que acaba perdiendo. La previsión era tan poco halagüeña que la UE se daba con un canto en los dientes si el renacido Silvio Berlusconi lograba hacerse con las riendas de Italia. Él era el mal menor y se presentaba como líder de la autodenominada «coalición de centro derecha» que acogía a la ultra y eurófoba Liga Norte de Matteo Salvini. Se trataba de taparse la nariz con el octogonerario Berlusconi, perro viejo en Bruselas, en detrimento del populista Movimiento 5 Estrellas, liderado por Luigi di Maio. Pero cuando se juega a empatar...

Al final, Italia ha deparado el peor resultado electoral posible para los intereses de la UE. O la Liga Norte, que ha arrrasado a Berlusconi, o el M5S. O lo malo, o lo peor, y no se sabe muy bien en qué orden. El único consuelo es que estamos hablando del país de los 64 gobiernos en 70 años, la metáfora del caos. Todo es posible.

Italia son palabras mayores para el club. Es verdad que los 28 Estados miembros son iguales a ojos de los tratados, pero en la práctica, hay países y países. Italia, la tercera potencia del euro, es uno de ellos. Ya lo advirtió hace algunos días el propio presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, quien no ocultó su preocupación por un posible desgobierno romano advirtiendo, además, de un marzo movidito en los mercados.

LA CLAVE«Cuanto más habla Juncker, más votos obtenemos», se felicita el radical Matteo Salvini

Ayer, Bruselas no estaba para muchos comentarios pese al subidón que el domingo le reportó la reedición de la gran coalición alemana liderada por la eterna Angela Merkel. Italia fue el tema estrella en la sala de prensa del Ejecutivo comunitario. Ninguna pregunta de Alemania. Lo bueno no vende, ya saben. Lo malo ahora se escribe en italiano. Bruselas, sin embargo, pasó palabra para esquivar las muchas preguntas sobre el antieuropeísmo que arrojaron las urnas.

El 50% del electorado ha apostado por partidos eurocríticos, eurófobos, euroescépticos... Depende del día, claro, pero siempre con la Unión Europea entre ceja y ceja. «Tenemos confianza en las habilidades del presidente Mattarella para facilitar la formación de un Gobierno estable en Italia. Mientras tanto, Italia tiene un Gobierno liderado por el primer ministro Gentiloni (socialdemócrata), con quien seguimos trabajando estrechamente», manifestó el portavoz jefe de la Comisión, Margaritis Schinas, quien se escudó en que el recuento oficial aún no se había producido para ir más allá en sus valoración. Toca esperar. «Keep calm and carry on», apostilló Schinas, parafraseando el famoso lema británico de la II Guerra Mundial. Mantén la calma y sigue adelante.

Le Pen y Farage, encantados

Nada más conocerse los primeros resultados, Salvini no tardó ni un minuto en reivindicar su derecho de liderar la coalición de centro derecha y, por ende, de convertirse en el primer ministro del país. El problema es que no le dan los números. Ni a él ni a nadie. Que su euforia no es una buena señal para la UE se evidencia en la alegría mostrada por los ultras Marine Le Pen, el británico Nigel Farage o el holandés Geert Wilders, cuyo objetivo vital es acabar con la UE y apostar por el 'cuanto peor, mejor'.

«Cuanto más habla, más votos obtenemos. Esperemos que siga como presidente de la Comisión el menor tiempo posible», recalcó Salvini, quien aprovechó la ocasión para hacer su enésimo alegato en contra del club. «El euro era y todavía es una mala moneda. El sistema de moneda única terminará», aseveró. Eso sí, descartó impulsar un referéndum 'ad hoc'. Por ahora...

Entre las muchas lecturas que deja este resultado, una de ellas, cómo no, se refiere al 'brexit'. La negociación se encuentra en su punto álgido y si algo tiene muy claro el sanedrín comunitario es que harán todo lo posible para que las puertas de salida del club sólo se abran una vez. El precedente será Reino Unido y su marcha jamás deberá ser una historia de éxito. De ahí la dureza de las grandes potencias y de Bruselas hacia Londres. El 'brexit' será el precedente y éste deberá ser lo suficientemente contundente para evitar futuras aventuras en otros países.

Respecto al ambicioso proceso reformista en el que está inmersa la Unión Europea, el traspié italiano supone un serio problema. No tanto por los Veintisiete, que se apoyarán en la fortaleza del renacido eje francoalemán liderado por Merkel y Macron, sino para la propia Italia, que afrontará meses decisivos de negociaciones con un Gobierno en funciones. El caos italiano ha vuelto, aunque quizá nunca se fue del todo.

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