Barricadas y flores en cañones

Z. ALDAMA SHANGHÁI.

Pocas veces ha habido en Singapur tantas fuerzas de élite y tantas armas. No en vano, las comitivas de Kim Jong-un y de Donald Trump incluyen decenas de agentes armados hasta los dientes. Kim, que se moverá a bordo de su limusina Mercedes, no ha prescindido de los guardaespaldas que corren al lado del vehículo; y al Cadillac blindado de Trump lo acompañan numerosos todoterrenos negros como los de las películas de Hollywood.

A todos ellos se suman los temidos gurkhas nepalíes de las fuerzas de Singapur y miles de policías desplegados para la ocasión. Así, no es de extrañar que los ciudadanos se tengan que enfrentar a atascos que son una rareza en esta ciudad y a controles de seguridad especialmente estrictos. Sobre todo, en los aledaños de los hoteles en los que se alojan Kim y Trump y en la isla de Sentosa, donde se celebrará la reunión.

Pero, como la paz es la verdadera protagonista de estos días, Singapur no ha dejado pasar la oportunidad de dedicarle un gesto simbólico: ha cubierto las bocas de los sesenta cañones que guardan el fuerte Siloso de Sentosa con ramos de flores que se mantendrán hasta el miércoles. «Es evidente que todas estas medidas de seguridad son un incordio para los ciudadanos, pero estoy orgullosa de que mi ciudad se convierta en símbolo de esperanza y de paz», comentó ayer a este periódico Guo Liming, una ingeniera que vive cerca del hotel que acoge a Kim.

Singapur, una ciudad-Estado de apenas cinco millones de habitantes conocida por ser uno de los pocos focos de estabilidad democrática en la región, se ha convertido en una auténtica fortaleza para albergar la reunión entre Trump y Kim. El primer ministro de Singapur ha cifrado en 20 millones de dólares el coste de albergar la cumbre. «Estamos dispuestos a pagarlo», ha dicho, explicando que esta reunión es necesaria para dar un «nuevo rumbo» a las relaciones entre las dos Coreas y avanzar hacia la estabilidad regional.

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