La UE da otro baño de realismo a Londres

Un manifestante contra el 'Brexit' enarbola la bandera de la Unión Europea frente al Parlamento, en Londres. :: simon dawson / reuters/
Un manifestante contra el 'Brexit' enarbola la bandera de la Unión Europea frente al Parlamento, en Londres. :: simon dawson / reuters

Barnier rechaza la oferta de May de que Reino Unido siga en la unión aduanera hasta finales de 2021 para evitar la frontera dura en Irlanda

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Érase una vez la historia de una vía ferroviaria de altísima velocidad por la que circulan dos trenes. Sólo hay un ligero problema. Marchan en sentido contrario y nadie, como volvió a evidenciarse ayer con la cuestión irlandesa de fondo, muestra la menor intención de pisar el freno. La colisión es cuestión de tiempo. ¿Qué pasará? Habrá daños, muchos, pero la suerte irá por barrios porque uno de los trenes circula con 27 vagones y el otro, sólo con la locomotora. Es lógica, no hay que darle más vueltas. El 'brexit', la madre de todas las negociaciones, era esto.

Quedan menos de tres semanas para la «decisiva» cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea en la que supuestamente iban a dar un impulso definitivo a las negociaciones acordando la fórmula que evitará la reinstauración de una frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte. Así se acordó el 8 de diciembre y así se ratificó en la cumbre de marzo. Pero no, pensar que pueda haber un pacto 'ad hoc' es poesía. Salvo milagro, no lo habrá. Todas las miradas apuntan ya a la cumbre de octubre.

Para evitar esa frontera dura, Londres aceptó que Irlanda del Norte seguiría teniendo «un alineamiento reglamentario» con la UE, con su unión aduanera y con su mercado único. Se trata de un 'backstop', «un plan de contingencia», una suerte de red de seguridad. Es decir, que en la práctica seguiría siendo una región más dentro del paraguas comunitario.

LA FRASE«Decidieron irse. Nosotros no queríamos, pero lo respetamos. Ahora deben aceptar las consecuencias»

Con mano izquierda

Desde el pasado 8 de diciembre, Bruselas sigue esperando soluciones viables que continúan sin llegar desde el otro lado del Canal de la Mancha. La última, por escrito, se hizo pública el jueves por la tarde y se basa, 'grosso modo', en que este alineamiento sea para todo Reino Unido, se refiera sólo a la unión aduanera y sea hasta «el 31 de diciembre de 2021», un año después de que se produzca el 'brexit' real -la salida oficial es el 30 de marzo de 2019, pero habrá un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020 si al final hay un acuerdo total-.

Como se esperaba, la respuesta de ayer por parte de la Unión Europea fue «no». Otro no, y ya van unos cuantos. Si Theresa May acuñó el «'brexit' significa 'brexit'», ayer Michel Barnier hizo lo propio con el «'backstop' significa 'backstop'». «Nuestro plan de contingencia (para Irlanda) no puede ser extendido a todo Reino Unido. ¿Por qué? Porque ha sido diseñado para la situación específica de Irlanda del Norte», zanjó el negociador jefe del Ejecutivo comunitario.

El tono, pese a todo, no fue ni mucho menos beligerante. Lanzó las advertencias habituales -«deben asumir las consecuencias de su decisión»- pero con algo más de mano izquierda. De hecho, después de la rueda de prensa, escribió un tuit aclarando que no rechazan el documento británico, pero recordando que las cuatro libertades de la UE son «indivisibles» (circulación de personas, capitales, servicios y mercancías) y que las medidas excepcionales no puede ser aplicadas a Reino Unido en su conjunto.

Asumir las consecuencias

Pese a todo, el mensaje de fondo de los Veintisiete sigue siendo contundente, sustentado además en una llamativa unidad que muy pocos se esperaban. Es mucho el ruido que llega desde Londres, con un Gobierno que parece una jaula de grillos y un Parlamento dividido. «La verdad es que May bastante tiene con intentar gestionar su casa, que no es poco», ironizan fuentes diplomáticas.

Así que ayer Michel Barnier volvió a poner los puntos sobre las íes. «Algunos partidos británicos intentan hacernos responsables de la decisión de no permitirles disfrutar de todos los beneficios del mercado único sin estar en la UE. No nos intimida este juego de culpas ('blame game')», dijo. No se quedó aquí. «Ellos decidieron irse. Nosotros no queríamos, pero lo respetamos, fue una decisión democrática.

Ahora, deben aceptar las consecuencias y si quieren una nueva relación hará falta más confianza y realismo, sobre lo que es posible y lo que no. Nosotros respetamos las líneas rojas británicas, me gustaría que ellos respeten sus propias líneas rojas también», zanjó.

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