May aún aspira a un 'Brexit' ventajoso

Theresa May, ayer durante su dicurso en la City de Londres sobre el proceso de salida de la UE. :: P. Nicholls / Reuters
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Theresa May, ayer durante su dicurso en la City de Londres sobre el proceso de salida de la UE. :: P. Nicholls / Reuters

La primera ministra británica propone a la UE un entramado de relaciones que permita un intercambio similar al actual

ÍÑIGO GURRUCHAGA / CORRESPONSAL

londres. La primera ministra británica, Theresa May, llamó ayer a los países de la UE a «acertar» en la búsqueda de un acuerdo, porque «tenemos un interés compartido en lograrlo». En un discurso más detallado que los anteriores, pronunciado en la City financiera, fue conciliadora y optimista. A los suyos, la audiencia británica, les advirtió de que «el mundo nos está observando» y el país debe ser «un ejemplo» en su búsqueda de una sociedad «más fuerte y cohesionada».

Si la sociedad británica sigue el ejemplo de May, tendrá que emular el cambio notable entre su discurso, hace poco más de un año, en Lancaster House, y lo que afirmó ayer. Entonces, se trataba de marcharse de la mesa antes de quedarse con un mal acuerdo, sugirió que si Bruselas no le daba lo que quería podría pilotar a Reino Unido hacia la desregulación 'offshore' o que el país sería más reacio a comprometerse con la seguridad europea.

Esos eran los aspectos más desgarrados, pero ahora ni se mencionan o se contradicen. Reino Unido quiere marcharse de la UE pero mantener una cooperación de seguridad tan íntima como la actual y con algunas modificaciones formales, tal como anunció May en Múnich hace unos días, y persigue una relación económica en la que bienes y servicios fluyan con leves variaciones. Aunque reconoce que «el acceso será menor».

La 'premier' es partidaria de que no haya aranceles en bienes, de que un acuerdo aduanero permita que los controles fronterizos sean mínimos, porque en sectores industriales las regulaciones europeas se mantendrán o mejorarán. Quiere que Reino Unido sea miembro asociado de agencias comunitarias que sellan productos químicos omedicamentos para mantener la homogeneidad. En servicios, aspira a conservar el reconocimiento de equivalencias y acuerdos inéditos en otros tratados.

Si las exigencias de la victoria de la marcha de la UE en el referéndum de 2016 son, según May, que termine el libre movimiento de personas y la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE en Reino Unido, la futura relación delineada ayer contempla un «marco de movilidad» de empleados de empresas europeas y trabajadores autónomos y las sentencias de la corte europea se tendrán en cuenta en los tribunales británicos para mantener la coherencia normativa.

El nuevo acuerdo aduanero que propone tendrá variaciones en Irlanda del Norte para que la frontera sea mínima, pero May descartó la unilateralidad propuesta por los más firmes partidarios del 'brexit', que quieren que Irlanda del Norte simplemente elimine los controles de bienes o personas procedentes del sur. «Nosotros elegimos marcharnos, tenemos la responsabilidad de ayudar a que se encuentre una solución», dijo.

Recordó a los socios europeos que el acuerdo que propone es único, «porque en ningún otro tratado comercial la otra parte quiere tanto acceso como la UE a nuestra pesca», por ejemplo. Lanzó un dardo a la Comisión, sugiriendo que en sus declaraciones públicas aparentemente persigue una relación futura «en la que tenemos los derechos de Canadá y las obligaciones de Noruega», con respecto a la UE.

Rechazando el postulado de la Comisión sobre la necesidad de que la relación futura sea una de las ya establecidas por la UE, May defendió su nuevo entramado de comercio lo más libre posible, de mecanismos de coordinación y arbitraje, contestando a la acusación de que persigue un acceso al mercado europeo 'a la carta'. Todos los tratados comerciales reflejan las relaciones existentes y los intereses comunes. «Todos son a la carta», dijo.

La relación propuesta por May presenta varios problemas. El más evidente es su complejidad. Aunque recordó que la Comisión y Londres están de acuerdo en que la transición sea «limitada en el tiempo», añadió un pero: «Es vital dar el tiempo necesario para que gobiernos, empresas y ciudadanos preparen nuestra nueva asociación». Ni 18 meses, como propone la Comisión, ni los dos años de Londres parecen suficientes.

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