El teléfono rojo de Corea vuelve a sonar

Un funcionario comprueba la línea directa intercoreana en la Zona de Seguridad Conjunta, en la localidad fronteriza de Panmunjon. :: efe/
Un funcionario comprueba la línea directa intercoreana en la Zona de Seguridad Conjunta, en la localidad fronteriza de Panmunjon. :: efe

Kim Jong-un reactiva la línea telefónica con el Sur para discutir la participación del Norte en los próximos Juegos de Invierno

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

En Extremo Oriente, 2018 ha comenzado con un inesperado rayo de esperanza que derrite el hielo que separa a las dos Coreas. Desde que el presidente norcoreano, Kim Jong-un, tendió la mano a su homólogo surcoreano durante el discurso de Año Nuevo, el último bastión de la Guerra Fría vive un calentamiento que se ha recibido con tanta sorpresa como recelo. No sería la primera vez que fracasa un intento similar, pero nadie ha sido capaz de prever tantos pasos y tan rápidos.

Tras la alocución del lunes en la que Kim avanzó su intención de que una delegación de su país participe en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, el martes Seúl propuso el día 9 para entablar un diálogo de alto nivel, y ayer Pyongyang respondió con la reactivación de la línea telefónica que desconectó en 2016. Corea del Sur confirmó que el teléfono rojo del puesto fronterizo de Panmunjon, una de las 33 líneas que permiten a las dos Coreas comunicarse, volvió a sonar a las 15:30 horas.

Una fotografía tomada cuatro minutos después reveló la rudimentaria instalación del lugar: un escritorio sencillo con dos teléfonos de plástico, un ordenador aparentemente equipado con Windows XP, y dos teléfonos digitales baratos en los que se pueden ver los dos husos horarios oficiales de la península, en la que Sur y Norte están separados también por una diferencia de 30 minutos. La conversación entre ambos bandos duró 20 minutos y no tuvo contenido alguno: simplemente se utilizó para realizar ajustes técnicos y confirmar que la conexión se realiza correctamente.

El responsable de prensa de la presidencia surcoreana, Yoon Young-chan, afirmó que se trata de un avance «muy significativo» y añadió que «crea un escenario en el que la comunicación será posible en cualquier momento». Por su parte, al norte del paralelo 38, el presidente de la Comisión para la Reunificación Pacífica de la Patria se dirigió a la nación por televisión en nombre de Kim Jong-un para informar del acontecimiento. «Podremos mantener un contacto estrecho y sincero», explicó. Pero no dijo nada respecto al ofrecimiento para reanudar el diálogo.

La decisión de Kim de entablar un diálogo con Corea del Sur parece dirigida a complacer a China, un país que cada vez le da más la espalda. Pekín ha apoyado las últimas sanciones dictadas por Naciones Unidas y ha criticado abiertamente al régimen de Pyongyang por sus continuas pruebas de misiles balísticos. Ahora que las armas ya han demostrado su valía, así como su capacidad para alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense, Kim puede tratar de calmar las aguas y encauzar el diálogo para ganar tiempo. Y aire.

Sanciones que ahogan

Porque todo apunta a que las sanciones están ahogando al régimen. Según diferentes fuentes, Pyongyang se ve obligada a adquirir petróleo en alta mar, donde buques de diferentes banderas le surten de combustible de forma irregular.

Y, precisamente, la conexión telefónica entre ambas Coreas se cortó en 2016 tras la decisión de Seúl de cerrar el parque tecnológico conjunto de Kaesong, que suponía una de las principales fuentes de divisas extranjeras del régimen. Ahora, no faltan quienes consideran que el amansamiento de Kim se debe al dolor que infligen estas medidas.

En Corea del Sur pocos creen que el de sus vecinos sea un paso sincero. El diario 'JoongAn Ilbo' advirtió de que Kim Jong-un podría estar tratando de dividir a la sociedad surcoreana y ganar tiempo para completar su programa de armas atómicas. Pero Park Miseon, una estudiante de Ciencias Políticas de Seúl, considera que «cualquier avance es mejor que nada». En declaraciones a este periódico, la joven reconoce temer que sea «una nueva triquiñuela de Pyongyang», pero se siente ilusionada ante la posibilidad de ver a las dos Coreas compitiendo en los Juegos de Invierno que su propio país celebrará entre el 9 y el 25 del mes que viene. «Hay que dar una oportunidad a la paz», concluye parafraseando a John Lennon.

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