Kim suaviza su discurso belicista

El líder norcoreano Kim Jong-un inspecciona los planes de lanzamiento de misiles hacia Guam. :: efe/
El líder norcoreano Kim Jong-un inspecciona los planes de lanzamiento de misiles hacia Guam. :: efe

Pyongyang decide 'retrasar' el ataque a Guam un día después de anunciar Pekín que cumplirá «a rajatabla» las sanciones

ZIGOR ALDAMA

Shanghái. China votó a favor de las últimas sanciones económicas impuestas por Naciones Unidas contra Corea del Norte y aseguró que se ocuparía de cumplirlas a rajatabla. El martes, el Gobierno de Pekín dio el paso y anunció la prohibición de importar productos vetados or esas sanciones, como el hierro o el marisco. Teniendo en cuenta que el 90% del comercio exterior del régimen norcoreano tiene su origen o su destino en el vecino comunista, se supone que la decisión de Pekín tendrá un notable impacto económico. Sobre todo porque, además, China ya suspendió a principios de año la compra de carbón, que es la principal fuente de ingresos foráneos de Pyongyang. La medida también extiende esa prohibición hasta el año que viene.

Sobre el papel, China está haciendo lo que prometió. Y puede que esté surtiendo efecto, porque ayer Kim Jong-un decidió aplazar el plan que su Ejército había preparado para lanzar cuatro misiles contra las aguas que rodean la isla de Guam, en la que Estados Unidos cuenta con un importante contingente militar. En tono mucho más conciliador, el dictador norcoreano afirmó que antes de apretar el gatillo observará «un poco más» los movimientos de la superpotencia americana, a la que pidió que desactive «un peligroso conflicto nuclear». Aunque muy pocos llegaron a creer que su amenaza fuese a materializarse, ayer los líderes mundiales respiraron un poco más aliviados.

No faltarán quienes atribuyan a las medidas chinas este súbito comedimiento, pero existen dudas razonables sobre su efectiva implementación. Aparte de que llegan noticias sobre barcos norcoreanos llenos de carbón que descargan su mercancía en puertos chinos -informaciones desmentidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores-, algunas estadísticas resultan asombrosas. La más chocante es la del crecimiento económico del país, que, según estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, el año pasado fue de un 3,9%. Puede parecer poca cosa para un país asiático, pero supone su avance más veloz desde 1999. Quienes han visitado el país en el último año también afirman que cada vez se nota más actividad comercial y mayor inversión en infraestructuras.

¿Cómo es eso posible en un país que teóricamente está sellado por tierra, mar, y aire? Sin duda, algo no cuadra, y el martes la agencia Reuters arrojó algo de luz sobre el asunto en un reportaje que demuestra cómo diferentes intermediarios chinos están adquiriendo textiles hechos en Corea del Norte para venderlos luego al mundo con la etiqueta 'Made in China'. «A veces preguntamos a nuestros clientes si son transparentes con quien finalmente adquiere la ropa. Esos últimos muchas veces no saben que procede de Corea del Norte», comenta en el texto uno de los intermediarios que operan desde la ciudad de Dandong, en la frontera china.

Subcontratos

Los textiles fueron en 2016 el segundo producto que más exportó el régimen de Kim Jong-un, por valor de 700 millones de euros. Curiosamente, la marca australiana de ropa deportiva Rip Curl fue una de las que aparentemente mordió el anzuelo y vendió como chino atuendo para esquiadores fabricado en Corea del Norte. La firma tuvo que disculparse públicamente y afirmó que la culpa era de un proveedor que había subcontratado el trabajo a otro fabricante sin permiso y sin conocimiento del cuartel general. Sin embargo, los intermediarios entrevistados por Reuters aseguran que se trata de una práctica habitual.

¿Está Corea del Norte convirtiéndose en la fábrica de bajo costo de China? «Los trabajadores norcoreanos pueden producir un 30% más de ropa que los chinos. Y tienen una actitud distinta. No trabajan solo por dinero. Creen que están sirviendo a su país y a su líder», contó uno de los 'contrabandistas' de textiles a la agencia de noticias. «Hemos tratado de hacer nuestra ropa allí, pero, actualmente, las fábricas están al tope de su capacidad», reconoció. Quizá esto explique por qué el presidente Kim no parece excesivamente preocupado por las sanciones que le imponen cada vez que lanza un misil. China le aprieta, pero no le ahoga. Todavía.

Fotos

Vídeos