El Papa de los rohinyás

Francisco recibe a refugiados rohinyás durante el encuentro interreligioso celebrado en la catedral de Santa María, en Daca. :: reuters/
Francisco recibe a refugiados rohinyás durante el encuentro interreligioso celebrado en la catedral de Santa María, en Daca. :: reuters

Francisco regresa a Roma tras una comprometida visita a Myanmar y Bangladés por la limpieza étnica de esta minoría

DARÍO MENOR DACA.

Los fieles que acudieron al Aula Pablo VI del Vaticano el pasado 8 de febrero para participar en la habitual audiencia general de los miércoles debieron de quedarse despistados cuando el Papa, al final del encuentro, les pidió que rezaran por «nuestros hermanos y hermanas rohinyás», personas «buenas» que son «torturadas y asesinadas simplemente por sus tradiciones y por su fe musulmana». Pocos sabían fuera del sureste asiático quiénes eran los miembros de esta minoría perseguida por el Ejército de Myanmar, antigua Birmania.

Diez meses después, han sido los protagonistas indudables del viaje a Myanmar y Bangladés concluido ayer por Francisco, que ha conseguido fijar la atención de la comunidad internacional sobre la limpieza étnica que sufren los rohinyás.

Para el cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el 'ministerio' vaticano encargado de estos dos países considerados como 'tierra de misión' por el Vaticano, la visita demuestra a los católicos locales que «no están olvidados ni marginados y pertenecen al corazón de la Iglesia». Durante las siete jornadas que ha permanecido en el sureste asiático, Francisco no ha escatimado palabras y gestos para lograr el objetivo planteado por Filoni, pero todo lo ha eclipsado la más rápida tragedia humanitaria que sufre el mundo desde 1994 con el genocidio de Ruanda.

LA CLAVESe suma al discurso oficial y esgrime que los rohinyás son inmigrantes ilegales originarios de Bangladés

No es para menos: alrededor de 650.000 personas han tenido que refugiarse desde los últimos tres meses en Bangladés, donde ya vivían otros 300.000 miembros de esta minoría escapados ante anteriores olas represivas de los militares. Aunque la Iglesia de Myanmar le había pedido que no pronunciara el término 'rohinyá' por miedo a sufrir represalias, el viernes el Papa se conmovió al recibir y escuchar el testimonio de 16 representantes de esta comunidad. «No cerremos los corazones. No miremos a otra parte. La presencia de Dios hoy también se llama rohinyá», dijo. Esa frase fue sin duda el gran titular del viaje de Bergoglio, que se disculpó además por los atropellos sufridos por este pueblo y por la indiferencia con la que el mundo ha reaccionado ante ellos.

«El Papa es alguien con el que hay que contar para resolver los problemas. Espero que su encuentro con los rohinyás y lo que dijo sobre ellos sirva para que la comunidad internacional tome conciencia e intervenga para buscar una solución», comenta el jesuita indio George Ponodath, que lleva años viviendo en Bangladés. Habrá que ver si los llamamientos de Francisco sirven para que tanto la ONU como las grandes potencias exijan el cumplimiento del acuerdo alcanzado la semana pasada ente Naipyidó y Daca para repatriar a los desplazados y garantizar el respeto de sus derechos.

Lavado de cerebro

El viaje de Bergoglio ha destapado las distintas actitudes con que reaccionan a esta crisis humanitaria los católicos de los dos países visitados. Mientras que la Iglesia de Bangladés se ha volcado con la tragedia y ofrece asistencia a unos 200.000 refugiados, la historia es bien distinta al otro lado de la frontera. Cuando se les pregunta por la limpieza étnica de esta minoría, los católicos de Myanmar denuncian que ellos también sufren represión del Ejército y se suman al discurso oficial: los rohinyás son inmigrantes ilegales provenientes de Bangladés. Esa condición parece descargar las culpas de quienes les someten a todo tipo de atropellos.

La posición de los católicos birmanos es fruto del «lavado de cerebro» que, según la activista birmana Ma Khin Mai Aung, han llevado a cabo los militares para que sus compatriotas piensen que los rohinyás no deben vivir en el país. «Por eso les atacan», explicó esta abogada exiliada en Estados Unidos en un seminario celebrado el pasado miércoles en la Universidad de Daca. En el encuentro hubo quien pidió llevar ante el Tribunal de La Haya a los responsables de esta tragedia.

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