La oposición toma la calle contra el régimen

La asistencia ha sido la más baja desde 2003. :: Bobby Yip/ reuters
La asistencia ha sido la más baja desde 2003. :: Bobby Yip/ reuters

Z. ALDAMA HONG KONG.

La marcha reivindicativa anual que se celebra en Hong Kong coincidiendo con el aniversario de la devolución a China, tuvo ayer más sentido que nunca. Con Xi Jinping finalizando su primera visita oficial a la excolonia británica, y después del duro discurso que pronunció durante la toma de posesión de la nueva jefa del Ejecutivo autonómico, los organizadores preveían unos 100.000 asistentes. Sin embargo, fueron 60.000 según la organización y solo 14.500 según la Policía. En cualquier caso, es la cifra más baja desde 2003, cuando se aprobó la polémica Ley Antisubversión.

A pesar de ello, no faltaron el ambiente festivo y una constelación de reivindicaciones con un nexo común: la crítica a China. Los manifestantes exigieron la liberación del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo -que ha sido diagnosticado con un cáncer terminal pero sigue cumpliendo condena en un hospital-, la descriminalización de la secta Falung Gong -que se reunió en el parque Victoria para realizar en grupo sus ejercicios espirituales-, el respeto a los derechos del colectivo LGBTI, y la protección de las libertades de Hong Kong y el avance en las reformas democráticas. Figuras prominentes como Joshua Wong o 'Pelo Largo' se subieron a escaleras plegables para lanzar consignas y recaudar donaciones.

«Queremos que el mundo sepa lo que está sucediendo y trate de ejercer presión sobre China para que no caigamos en una dictadura», comentó Jack Lam-ching, un manifestante que portaba una de las figuras del Gernika de Picasso. 'Hong Kong se muere', llevaba escrito en una pancarta un compañero suyo. «No exigimos nada que sea ilegal. Nosotros no queremos la independencia, solo que se respete el acuerdo que cerraron Reino Unido y China. Desafortunadamente, cada vez es más obvio que Pekín no tiene intención de cumplirlo», se lamentó Lam-ching.

Otros, menos respetuosos, se encararon a los simpatizantes de Pekín e insultaron al presidente chino. 'Eat Xi', le dedicaba en una pancarta un manifestante que jugaba con el doble significado en inglés: literalmente es 'cómete a Xi', pero su parecido fonético delata que quiere decir 'come mierda'.

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