Xi Jinping cierra todas las puertas de Hong Kong

El presidente Xi Jinping, junto con la nueva jefa del Ejecutivo y sus ministros en la ceremonia del 20 aniversario. :: AFP/
El presidente Xi Jinping, junto con la nueva jefa del Ejecutivo y sus ministros en la ceremonia del 20 aniversario. :: AFP

El presidente chino advierte de que Pekín no tolerará ningún movimiento que atente contra su soberanía y exige mayor educación patriótica en la excolonia

ZIGOR ALDAMA

hong kong. «Hace veinte años, Hong Kong regresó al abrazo de la madre patria. Eso acabó con la humillación sufrida y supuso un gran paso adelante en la reunificación total de China». Xi Jinping inició ayer su discurso de conmemoración del 20 aniversario de la devolución de Hong Kong recordando lo débil que el gigante asiático fue durante el siglo XIX. «En la década de 1840, con la fuerza de solo 10.000 hombres, Inglaterra invadió China y logró que la dinastía Qing, que comandaba un ejército de 800.000 soldados, le cediese Hong Kong».

Pero el Gran Dragón de hoy tiene poco que ver con aquel, y su presidente así se lo hizo saber a los siete millones de hongkoneses poco después de que Carrie Lam, su primera mujer presidenta, tomase posesión de su cargo e inaugurase la quinta legislatura desde que los británicos arriaron la Union Jack. Xi lanzó una advertencia sin contemplaciones, dirigida a quienes exigen mayor democracia. «Tengo que dejar claro que el gobierno central implementará el principio 'un país, dos sistemas' -que sirvió para integrar la excolonia británica en China protegiendo gran parte de su idiosincrasia- y se asegurará de que se aplica en su totalidad sin que nadie lo distorsione».

Línea roja

«Los hongkoneses disfrutan ahora de más derechos y libertades que en ningún otro momento»

Por si habían quedado dudas, ante los cientos de delegados que asistieron a una ceremonia protegida por innumerables medidas de seguridad, Xi añadió que «cualquier intento de desafiar el poder del gobierno central (...) es un acto que cruza la línea roja y que resulta totalmente inaceptable». Además, el mandatario chino confirmó los temores de quienes temen que las libertades en Hong Kong vayan muriendo cuando pidió que el gobierno autonómico «incremente la educación patriótica entre la juventud».

Por su parte, la nueva jefa del Ejecutivo de esta Región Administrativa Especial juró lealtad a China en mandarín-no en el dialecto local cantonés- y reconoció que Hong Kong se enfrenta a numerosos problemas derivados de la continua polarización política de la población. «Estoy preocupada por las dificultades sociales actuales (...) Aumentar la confianza del pueblo en el gobierno de Hong Kong será una de mis principales prioridades», declaró Lam. Pero no lo va a tener fácil, porque los partidos que se consideran localistas, y que abogan por proteger la identidad y la cultura propias de la ciudad, ganan adeptos y cada vez son más radicales.

Algunos incluso tienen la independencia como objetivo. No en vano, dos de los diputados elegidos en las urnas fueron descalificados por negarse a leer correctamente el texto del juramento de toma de posesión y obligaron a que Pekín hiciese una estricta interpretación de la Ley Básica, que sirve de Constitución autonómica. Con esos últimos en mente, Xi dejó meridianamente claro que en el modelo de 'un país, dos sistemas', lo primordial es la primera parte de la ecuación. «Es un sistema que todos han reconocido como exitoso (...) y la mejor solución para responder a la cuestión histórica de Hong Kong. Pero la base inalterable es la de 'un país'», recalcó entre los aplausos unánimes del público.

En ese momento, fuera del Centro de Convenciones, varios de los activistas más prominentes de la excolonia fueron arrestados cuando trataban de acercarse al lugar de la ceremonia. A pesar de que eso no supone ilegalidad alguna y que cada vez es un incidente más frecuente, Xi afirmó que «la gente de Hong Kong disfruta ahora de más derechos y libertades que en ningún otro momento de su historia». Poco después, dos de los activistas convocaron a los medios para mostrar las magulladuras provocadas por las esposas y el trato policial recibido.

Finalmente, en un intento por resultar algo más cercano y comprensivo con la población de Hong Kong, Xi reconoció que el territorio se enfrenta a diferentes retos. Y se centró en los económicos: la carestía de la vivienda o la necesidad de innovación empresarial. Lo que no mencionó fueron las palabras que pronunció el viernes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lu Kang, y que han disparado la preocupación entre los hongkoneses. «La Declaración Conjunta -el documento que firmaron Reino Unido y China para acordar la preservación de las peculiaridades de Hong Kong durante 50 años- es ya historia y no tiene ninguna relevancia ni carácter vinculante», afirmó.

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